El blog de Luis Margol

Derecha sin remisión

11/01/2009 · 4 comentarios

Boat

Para la generación de los ochenta, los del “Felipe chorizo” y otras lindezas que proferíamos contra el Gobierno de aquellos años, los casos de corrupción destapados en los últimos meses y la imposibilidad del PP para dar el empujón que le permita derrotar a ZP (Rajoy no sirve, Aguirre no sabe y Aznar no puede debido a razones personales, es decir por su yerno Agag y su esposa) es un golpe moral muy difícil de encajar. Difícil porque por alguna razón nos creímos que los políticos españoles habían aprendido y que ciertas cosas no volverían a ocurrir. No habría más cursos del INEM, no habría más Filesas, no habría más Roldanes etc.. Qué ingenuos y qué estúpidos fuimos.

Creo que en algunos aspectos lo de ahora es peor que lo de antes. La auténtica guerra civil que se vive en la derecha española se lleva a cabo de una forma ruin y soterrada, cada bando (¿alguien sabe cuántos hay?) pagando voluntades políticas y mediáticas como puede pero sin dar la cara, y los beneficiados por unos y otros diciendo un día una cosa y otro la contraria y prestándose a manipular sin ningún complejo. Gracias al sistema electoral, ningún político puede decir que habla en nombre de sus electores. Exceptuando a los presidentes de las Comunidades Autónomas y a algunos alcaldes, al único que representan es a su jefe, a quien los colocó en la lista, y su fidelidad depende de la posibilidad de repetir en ella, así que al final da lo mismo uno que otro. Los hay que se jactan de ser interlocutores de ciertos grupos sociales (yo con los empresarios, yo con la Iglesia, yo con los agricultores…) y se venden como imprescindibles para tal o cual política. En algunos casos es mentira, y en otros esas prácticas sólo conllevan a más corrupción.

La opacidad de los lobbies en España, la falta de información sobre su relación con los partidos, la sospecha de que algunos de ellos son en realidad creaciones de los propios políticos y la facilidad con la que los activistas son cooptados por los partidos, cuando no son ex políticos resentidos que llevan muy mal la jubilación o la pérdida de poder, hace que los llamados grupos de interés en España, un mal inevitable en las democracias y contra el que ya alertaron los teóricos en el siglo XVIII, no pasen de ser chiringuitos de tal o cual fulano para ocupar el Estado.  No es que en otros países no suceda lo mismo, pero al menos allí se sabe quién es quién y lo que pretende. Aquí cualquier lobby se disfraza de movimiento social y pretende que a España no la conozca ni la madre que la parió.El resultado es siempre más Estado y más coacción.

Ya he dicho que la conducta de Esperanza Aguirre en Caja Madrid me parece deleznable y no se debería consentir que esa señora convierta el banco en un instrumento de poder personal. Pero también es cierto que no son precisamente el alcalde de Madrid y su vicealcalde los más indicados para dar lecciones de prudencia y comedimiento a la Comunidad de Madrid. La cruzada del consistorio madrileño contra los habitantes y los empresarios de la ciudad y los escándalos sobre la concesión de licencias a los comercios podrían acabar matando a la gallina de los huevos de oro. ¿Le preocupa a Gallardón el alarmante aumento en el número de cierres de pequeños comercios y de empresas de servicios en la capital debido a la crisis y a la revocación o denegación de licencia por parte del ayuntamiento? Esas cosas no se ven desde los cristales tintados del coche oficial. Hay calles del centro de la capital que poco a poco están recuperando el aspecto que tenían hace 20 años porque entre la crisis, las obras y la incertidumbre a las que les somete el ayuntamiento, los emprendedores han decidido chapar antes de acabar en la bancarrota. ¿Qué tienen algo que decir al alcalde o la señora Botella al respecto? Decir no dicen nada, pero hacer, hacen mucho: más reglamentos y más zanjas para que comprar o vender algo en algunas zonas de Madrid se haya convertido en misión imposible.

Y luego están los neocristianos. El otro día Ortega Lara denunciaba que el PP hubiese perdido sus raíces cristianas. Olvida que fue precisamente Aznar quien impulsó la creación de la Internacional Demócrata de Centro, nuevo nombre de la Internacional Democristiana. Ortega Lara se dio de baja en el PP el año pasado. Debería haberlo hecho en 2001 o incluso en 1996, cuando el PP gobernó gracias a CiU y a CC, y no contento con eso Aznar buscó también el apoyo del PNV, inncesario porque con los canarios y los convergentes ya tenía mayoría absoluta en el Congreso. Otra que tal baila es Nerea Alzola, la pepera vizcaína que se saca de la manga un supuesto acercamiento entre Basagoiti y el PNV y se pone a defender un pacto con el PSOE, el partido de los abortistas, mientras los que la apoyan aluden a “las leyes viejas” para pedirle a los cachorros de Sabino Arana que se opongan a la ley del aborto de Zapatero. Si, como dicen ella y otros, el aborto es el mayor problema de la sociedad española, Basagoiti haría bien en unirse al PNV, cuya posición al respecto había sido contraria a la liberalización de la interrupción voluntaria del embarazo. Me da la impresión que el aborto y el PNV le importan un bledo a Alzola. Ella quiere ser presidenta del PP de Vizcaya y punto.

¿Hay que refundar el PP? Sí, pero ¿cómo? Aznar cambió las cosas pero creó una estructura patrimonialista prácticamente idéntica a la de algunos partidos personalistas latinoamericanos para que nadie se opusiera a sus reformas. Probablemente aquello fuese necesario entonces, aunque antes de irse debería haber iniciado un nuevo cambio. Pero le habría supuesto renunciar al dedazo sucesorio. Y ahora tampoco conviene democratizar el partido y descentralizarlo de verdad (no hablo de baronías, sino de dar más poder a los afiliados frente a los funcionarios de la organización, o por lo menos establecer algún mecanismo de accountability), porque el proceso llevaría años y le entregaría al PSOE en bandeja una nueva victoria electoral.

En fin, que al menos a corto plazo la derecha española no parece tener remedio. ¿Qué votaría yo si las elecciones se celebrasen mañana? Al PP, porque al menos en asuntos económicos se han posicionado en contra de las políticas de Obama y ZP y a favor del modelo de Merkel y de Cameron. ¿Y pasado? Vaya usted a saber. Yo no voto ni a partidos socialdemócratas -ya sé que todos lo son, pero que al menos no lo digan- ni a partidos confesionales. Ambas opciones significan lo mismo para mí: más Estado y menos libertad de elección. Que cada uno se pague su salvación, laica o eclesiástica, de su propio bolsillo.

chuecadilly@yahoo.es

Categorías: Actualidad · Derecha · Política

4 respuestas hasta el momento ↓

  • kevin // 11/01/2009 a 7:42 | Responder

    ¿El susto lo dices por Rajoy? Todo el mundo lo sabe pero nadie lo dice. Bueno, son silencios ominosos -también los concernientes al Rey- en un sistema que se gloría de transparente.
    En cuanto al resto, hipocresías las mínimas. Si algo hay que se sepa. Claro que en ese instante vendrán los de siempre diciendo: “que fulanito sea tal o haga cual no le incapacita como gestor público”. Y entonces elevaremos oficialmente el vicio a virtud. Yo apuesto por airear intimidades de los servidores públicos y cada palo aguante su vela -si puede-.

    • lmargol // 11/01/2009 a 7:42 | Responder

      Está claro que te llevarías unos buenos sustos. Yo estoy por no airear nada de nadie a menos que sean asuntos que incapaciten. Por ejemplo, un gobernador de Nueva Jersey tuvo que dimitir porque se lió con un tío al que puso de jefe de seguridad. Casos de esos, donde se usan fondos públicos para asuntos privados, o situaciones privadas en las que se mete alguien y que no le permiten tomar una decisión ecuánime. Situaciones sexuales y de otro tipo. Y de Rajoy, que yo sepa no pasa nada. Precisamente algunos de los que extienden ciertos rumores son los que más tienen que esconder. Ya sabes que en política a menudo todo es justo lo contrario de lo que parece.

  • kevin // 11/01/2009 a 7:42 | Responder

    ¿Partidos confesionales? ¿Dónde?¿Cuales?
    Lo del PP, mal que les pese a algunos es una mala copia del PSOE en su organización y fines. Sus militantes, más que derechosos son en mayoría, antisocialistas y sus dirigentes, más que antisocilistas, derechosos, es decir, burgueses -hasta donde puedan, acomodados y de moral cambiante.
    Por una vez coincidimos -que miedo- y Ortega Lara ha detectado muy tarde lo que sabe medio mundo: no hay raíz ni tallo cristiano en el PP; sus militantes “legionarios” como los “opusinos” han hecho la cobarde distinción de “vida pública” y “vida privada”.
    Refundar no, demoler.

    • lmargol // 11/01/2009 a 7:42 | Responder

      Yo creo que el PSOE funciona de forma distinta, no es tan patrimonialista. Los del PP lo llaman presidencialismo, pero no lo es. El PSOE es federal. El PP no es un partido confesional, pero no me gustaría que lo fuese. Sería un paso atrás. Si no hay que hacer distinción, entonces que cada uno saque su vida privada a la arena pública. Nos llevaríamos más de un susto.

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