Viva Kylie, pero menos


Kylie en Madrid

Por Anatole Espagne

Cher Luis,

Tengo que contarte el concierto de Kylie del pasado miércoles en Madrid. No te sorprendas: fui a verla. Ya sabes que no es que uno sea fan, pero se me juntaron varias cosas en la cabeza. Por un lado, cierta admiración/curiosidad por ese tipo de diva y, por otro, después de lo de Jacko no quería que me quedase otra casilla sin marcar en mi extenso currículo pop. En fin, que allá fui con mis mejores intenciones y sin saber lo mucho que se me iba a desencajar la mandíbula de tanta sorpresa.

Al llegar me encontré con la explanada de las Ventas convertida en una postal de San Francisco [¿de ahora o de los 70?]. La verdad es que tanto cliché me sorprendió: hordas y hordas congregadas cumpliendo con los cánones esperados, lo cual no hace sino tirar por tierra la vieja y más que pasada teoría del buen gusto gay. Después de la batería de cuerpos-goma enfundados en microshorts, zapatillas indescriptibles, peinados Luis y Tachi y colorines a tutiplén propongo cambiar de modo tajante semejante leyenda urbana: NO, LO GAY NO ES DE BUEN  GUSTO (a no ser que lo visto allí suponga una muestra representativa del auténtico porcentaje homosexual, como tú bien sabes, mi querido Margol).

¿Dónde han quedado aquellos iconos de lo underground de mi adolescencia? Muchos de ellos eran gays pero nunca jamás como primera descripción. Eran tíos valientes, únicos y personales que se habían autoconstruido ellos solitos. Y eso, cuando uno ve terrible hacerse mayor, es el rayo de esperanza en el camino. Pero no quiero desviarme del tema…

Para empezar, un autobús de esos de los turistas esperaba en plena puerta cargadito de djs y go´gos agitando sus cuerpos regados de purpurina. Pasé raudo y veloz, un poco embargado por la vergüenza ajena, y me introduje en el coso taurino. Allí, nada más entrar me sorprendió un globo de esos grandes de los de logo patrocinador de eventos; uno, que ha estado en muchos saraos de estos, ha visto sponsors haciéndose los enrollaos con el público joven, que si un Movistar para no parar de mandar sms, que si un Heineken para entonarse mientras lo indie suena por los bafles… pero jamás, y quiero decir jamás, había visto que Jean Paul Gaultier Parfums apoyara una velada de ese tipo.

Una vez localizados mis partenaires y moviendo mis patitas al son del dj del Space, fui corriendo a la barra soñando con una cerveza; por el camino me asaltaron todo tipo de merchandisers ávidos de clientela cool, desde organizadores de fiestas house de banderita hasta anunciantes gordos de toda la vida: que si una fundita monísima para el móvil, que si un cacharrito para no-sé-qué… con contarte que acabé con un par de tubos de Colgate en el bolsillo lo digo todo. A la liberación a través de la VISA, me dije yo. Por lo menos no me dieron un cockring…

Ya os he descrito –a ti y a tus lectores– la parroquia congregada, aunque aquello, si entrase en detalles, podría ocupar el espacio de una tesis doctoral de las de antes. La verdad es que tenía unos 360º repletos de información novedosa y sorprendente (parecía Robocop con la obsesión que me entró por escanearlo todo). Especial mención haré al culturista sin camiseta y con pantalón corto tocado con gorrito de marinero: como de película porno pero de las malas. Comprendo que este tema no deja de ser una autoafirmación sexual en unos días concebidos para eso, pero claro, no dejo de preguntarme por qué la pornografía es el referente iconográfico de todo esto.

Lo gayfriendly superaba con creces lo estrictamente gay. He de decir que la multitud congregada en el evento no era en absoluto man-to-man 100% ni mucho menos. Lo que sucede es que la influencia de toda esta movida es tan grande que las tías vestidas de putarracas y los straights de barrio también vestidos de putarracas son más que una minoría y constituyen el complemento perfecto para  la pluralidad sexual.

Y empezó Kylie. ¡Ay, Dios! qué decepción. Kylie Minogue ha envejecido mal, muy mal, y no veo ningún problema en ello excepto cuando quieres seguir siendo muy tía-buena y no te acompaña el perímetro de cintura ni los muslos para partir nueces que lucía.

Vamos por partes:

Kylie vampiresaElla: Nadie tan obsesionado con parecerse a Madonna será jamás único ni será catalogado como una artista de primera. Ni tiene la fuerza de esta ni llena el escenario de manera parecida.  Ni tiene por qué vestirse de amazona sadomaso ni llevar ligueros ni botas musleras [Kylie en kinky boots? You gotta be kiddin’ me]. Kylie canta y baila y es amable, pero ¡no! No se trata de ser amable, eso es para el programa de Ana Rosa, un ídolo ha de ser contundente y tener actitud aunque ello conlleve parecer una borde. Su repertorio consiste en tres o cuatro hits, lo demás es cara B, aunque en eso ni entro, ya que es mi gusto personal [no te preocupes, tú siempre has tenido buen gusto].

El espectáculo: Destaco los visuales (ya, ya sé, Margol, que la deformación profesional me puede) que me parecieron maravillosos. El resto, un auténtico sucedáneo de no sé ni qué. Bailarines a medio camino con coreografías como de fiesta de fin de curso, una titi que no estaba ni buena haciendo que tocaba la guitarra, un vestuario como alquilado en Cornejo y sin demasiado presupuesto.

El momento que mayor embarazo me produjo fue el remix de “Vacaciones en el mar”. Indescriptible. Empezaron a sonar las notitas del famoso politono mientras se ilustraba en la macropantalla con unas fotografías tipo Pierre et Giles (a esas alturas ya perdí el norte para identificarlas o no como fake)  de marineros musculados y vestidos solo con bañadorcitos. El público enloqueció. A continuación un vídeo igual de kitsch en el que una congregación de marineros sarasas pasan la tarde en un muelle en el justo momento en que llega Kylie. Es entonces cuando empiezan a charlar con ella (de bolsos y complementos, pensé yo…). Me pareció tan de “No desearás al vecino del quinto” que hasta se me antojó homófobo, pero no era plan empezar a repatir pasquines anarcosindicalistas a mi alrededor viendo lo encantada que andaba la parroquia con semejante numerito. En fin.

Aquello siguió y siguió y el público se lo pasaba teta. El colmo llegó con el dueto con Miguel Bosé. Intento no analizar el hecho influido por mi animadversión hacia este hombre, pero la escenita de piquitos mariliendres, abracitos y besos me pareció el colmo. Por cierto, el sr. Bosé se ha puesto gordo como un sollo y debería inventarse otro baile que no sea el meneo ese de cadera de toda la vida, porque ahora parece Don Pimpón con hula-hop.

Aquello tocó a su fin y salimos con ganas de comernos un bocadillo de calamares aprovechando el entorno barrial del concierto… Por cierto, acabo de releer todo esto y me doy cuenta de que he protestado como Paco Martínez Soria… no me hagas caso, la verdad es que, después de todo, me lo pasé teta. La próxima, te vienes conmigo.

Je t’embrace.

Anatole

Nota del editor: ¿Has asistido a algún evento cultural insustituible y te has llevado un chasco? ¿Crees que el neopetardismo es un fraude? Escribe a chuecadilly@yahoo.es y cuéntame tu caso.

3 Respuestas a “Viva Kylie, pero menos

  1. A mí me gusta Kylie (más que Madonna, tiene menos pretensiones y el personaje es menos enervante). La ví en el otro concierto de Madrid y me gustó, aunque la prefiero “en disco”.

    Lo que sí me molesta es lo que comentas sobre la uniformidad horrorosa del mundo gay: todas iguales, con la chancla, la bermuda, la camiseta, el musculito y la maxi-gafa. (Que vayan a ver “Brüno”, una irritante bofetada a la autocomplacencia).

    “¿Dónde han quedado aquellos iconos de lo underground de mi adolescencia? Muchos de ellos eran gays pero nunca jamás como primera descripción. Eran tíos valientes, únicos y personales que se habían autoconstruido ellos solitos.”

    Es verdad, ¿dónde están en el mundo pop el recambio a los Boy George, Marc Almond, Morrissey, Pet Shop Boys…? Sólo tenemos a Antony y sólo se le puede escuchar a ratos.

  2. A ver si saco ánimo y cuento la reivindicación que hace Manolo García del burro, el botijo y las abarcas mientras invita a destruir el móvil contra alguna tapia. Eso sí, lo hace en un escenario que consume una energía incalculable y con un despliegue espectacular de luz, sonido, tecnología inalámbrica, etc. Lo que tampoco sé es nivel ecológico de los medios de transporte que utiliza para desplazarse él, su gente y sus escenarios, equipos…

    John W.

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