Cuatro días con Margol, por Seleucus


Como dice mi amiga Francesca,  los trapos sucios no deben ser aireados por los demás, sino por uno mismo, y cuanto antes mejor. Más aún si se trata de sticky moments, esos instantes en los que a uno le gustaría que la tierra se abriera y le tragase. Así que el otro día le pedí al divino Seleucus, gran estudioso de la antigüedad y la contemporaneidad griega, pasando por supuesto por el medievoárbitro del buen gusto y asiduo huésped de mi humilde morada, que participase como pluma invitada en mi blog y que compartiera con mis lectores sus impresiones de su última estancia en Chez Margol.

Querido Luis:

Ante todo, gracias por alojarme una vez más (y ya he perdido la cuenta) en tu casa durante mi última visita a Madrid. Que sea una casa de locas, especialmente para un heterosexual, no significa que prefiera pagarme un hotel.

Lo de “casa de locas”  no lo digo por ti ni por los que te gustan (dicen que los caballeros las prefieren rubias, tú simplemente más jóvenes), sino por la chacha extremeña que suplía a la bella Mariana la rumana durante sus vacaciones en los Cárpatos, patria de insignes liberales como Ceausescu. Debes saber que cuando me dejaste solo en casa con ella y la vi salir del cuarto de baño con el plato de la ensalada, la duda me asaltó. Duda verificada… en cuanto comprobé que los restos de tomate y perejil yacían en el fondo del retrete. De ahí tus recientes problemas de cañerías (sin segundas). Y también que, en la cena de aquella noche con Chinchetru, preguntase con auténtica estupefacción si lanzar la ensalada al lavabo es práctica normal más allá del Ebro (saliendo con Vueling de Barcelona, se entiende; sin acritud). Paletadas, las justas.

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En fin, que me alegro de que, además, sobreviviéramos al escape de gas que provocó el individuo que, supuestamente tenía que arreglarte la instalación del calentador. Los dolores de cabeza que sufriste por la continua inhalación inconsciente quedan explicados. Lo que continúa sin explicar es por qué hablas en inglés cuando te despiertas, y despiertas, gritando a las cuatro de la madrugada. ¿Aún oyes el horrible chillido de los corderos? Y lo que es más, ¿denunciarás, como afirmaste en mi presencia, al tipo ese del gas? Yo lo haría, sin dejar de tener en cuenta que, por esa misma regla, el último revisor del gas que vino a salvarnos la vida podría denunciarte porque le abriste la puerta llevando casualmente sólo los pantalones del pijama. Ya sabes que nuestra amistad es a prueba de bombas, como lo demuestra que me hayas pedido que escriba unas micromemorias madrileñas sarcásticas para tu nuevo blog (estas líneas, para más señas), pero si quieres recibir con poca ropa a operarios castizos, hazlo cuando yo no esté en pijama en tu casa. La escena fue digna de un vídeo destinado a Youtube. Y con eso no insinúo que las fotos y vídeos que tengo en el disco duro vayan a salir de allí. Ya sabes que mantengo mi palabra por más que me cueste. Y cuesta un huevo.

Seleucus

RESPUESTA: Querido Sele, no me vengas con hechos diferenciales porque tú eres igual de castizo que yo. Me consta que nunca escuchaste rock catalán, ni siquiera cuando votabas a ERC, así que no te hagas el interesante. Gracias a dios, mi amiga rumana regresa esta semana, de modo que en unos días todo volverá a la normalidad. Respecto al operario de Gas Natural, la verdad es que no reparé en la ambigüedad de la situación ni en su gran potencial cómico, pero ahora que lo mencionas me hace bastante gracia. El empleado debió de pensar que nos había pillado en medio de algo. Tomo nota para el futuro. A partir de ahora no abriré al puerta medio desnudo a nadie a menos que esté previamente pactado. He colgado algunas fotos de tu penúltimo periplo madrileño. Espero que las otras no acaben colgadas algún blog ultraderechista. Por cierto, yo también tengo una exclusiva: la chica que sale en la de arriba es la novia de Chinchetru. Se trata de Natalia Belusova, la traductora de Václav Klaus. Ahí es nada. Ese sí que las prefiere rubias, y encima inteligentes. Yo me conformo con los que tienen pinta de empollones, como el protagonista de Big Bang Theory. Son mi debilidad. En la segunda imagen salen el galardonado en diversos certámentes de TV creativa Anatole y El profesor en la trinchera. Droga dura. En la última instantánea aparecen nuestros amigos gallegos, esos que siempre insisten en que vayamos a verlos a El Ferrol. No tengo nada que comentar de las piernas de Juanjito la Garza, pero quizá tú y los demás lo haréis por mí.

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8 Respuestas a “Cuatro días con Margol, por Seleucus

  1. ¡La última vez que salgo en estos blogs con semejante escote! Ni Sabrina Salerno en la nochevieja del 87 se atrevió a tanto.
    Luis, van a acabar interpretando tu carácter “liberal” por el otro lado…

  2. Eureka, ¿tú me quieres hundir o qué? Como vivo solo desde hace años -en 2005, mientras hacía sitio para otro, comencé a reparar en cosas que se me habían pasado y al final todo se fue a pique- tengo rarezas y hago cosas que otros acostumbrados a compartir no harían. Al menos eso no se nota cuando salgo a la calle, o eso creo.

  3. Para los que somos de provincias, al menos para mí, estos círculos de amigos liberales, literarios, etc., nos resultan fascinantes.

    Enhorabuena.

    John W.

  4. Pingback: Proyecto Seléucida » Lo que dan de sí las estancias madrileñas

  5. Un monumento habría que hacerte, Margol, por acoger a semejante elemento cada vez que le da por venir a la civilización.😉

  6. Ya os vale a los dos!
    Nada más que añadir?.

  7. Ja ja ja, yo también lanzo la ensalada sobrante al lavabo y no soy rumana ni siquiera ultrapirenaica. No me queda claro el papel del tipo de Gas Natural (esa empresa que debe caer tan antipática a los catalanófobos) en el entremés madrileño ;)) se esperan más detalles, escabrosos incluso… Seleucus, no te cortes y ameniza tu canal de youtube, apuesto a que serían un exitazo esos gritos intempestivos de Margol en la lengua de Shakespeare.

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