En la muerte de Irving Kristol: el neoconservadurismo, un nuevo socialismo


Irving Kristol

Irving Kristol, padre del movimiento neocon, ha muerto víctima de un cáncer de pulmón. En un largo e interesantísimo artículo publicado en The New York Times (un amigo comenta así una de las fotos, el despacho de Kristol con vistas a Central Park: “él y su esposa parecen ser los ex troskistas más ricos del mundo”. Tal vez a ese lado del Atlántico) aparece una de sus frases más celebres, “un neoconservador es un progresista golpeado por la realidad”.

Sin embargo, el neoconservadurismo es más que eso. Su encanto y su peligro residen en su carácter híbrido entre el socialismo y conservadurismo, o en otras palabras, en constituir un auténtico socialismo de derechas. Tampoco es tan original como parece. Para entenderlo es preciso remontarse a un texto que, a pesar de ser casi desconocido en Europa, anticipa muchas de las ideas que luego defenderán los llamados neocon y al que algunos de ellos han hecho referencia en público. Me refiero a Will America Prove Marx Right?, un texto de Peter Viereck, publicado en el número de septiembre de 1952 de la revista Antioch Review. En él su autor carga contra el nihilismo materialista del hombre económico y advierte de la contradicción existente entre la economía de mercado y la tradición (“the conflict between our profits and our prophets”).

Viereck sostiene que la Biblia es un libro netamente contrario a las motivaciones económicas y denuncia a “esos no tan nuevos conservadores que hablan vagamente de restaurar el mercado libre al 100% y abolir las leyes del New Deal” llamándolos “promotores de la guerra de clases de derechas”. El argumento es que la libertad económica “significa dejar que los niños trabajen en fábricas hasta la muerte en vez de asistir a una escuela pública”. Para Viereck “si McCarthy y el Chicago Tribune son los únicos auténticos republicanos de América, entonces larga vida al falso republicanismo de Eisenhower”. En conclusión:

En nuestros ideales, somos una nación cristiana, no una nación de materialismo marxista o capitalista.

A continuación, Viereck elogia a los socialdemócratas europeos (excepto a los traidores que no apoyan toda la política exterior norteamericana; ¿les suena de algo?), aunque le gustaría que fueran más conservadores en asuntos sociales, y niega que las reformas que en aquellos momentos estaban implantando en Europa fuesen demasiado socialistas, ya que de no ser así:

El Adam Smith americano producirá a Caín y a Abel Smith en Europa, una destrucción fratricida del mundo libre a beneficio de Stalin.

Para este autor, Woodrow Wilson representa el ideal que debe inspirar tanto a conservadores como a progresistas (precisamente el presidente más citado y parafraseado por Geroge W. Bush). Por tanto, las reformas económicas que aumentan el poder del Estado no son socialistas, sino muestras de “la dedicación americana a la humanidad”. Además, “creo que [el capitalismo] puede seguir siendo revisado de forma pacífica, sin la necesidad de socialismo, cuando viola las demandas de la humanidad”. Lamentablemente, Viereck no proporciona ninguna definición de socialismo, que parece igualar a bolchevismo, ni de humanitarismo aparte de las vagas referencias a la Biblia, de la que no se digna citar ningún fragmento.

Para él, luchar contra la Unión Soviética promoviendo el mercado libre sería un error porque dejaría a los Estados Unidos sin aliados y además equivaldría a comportarse igual que los marxistas, esto es, “colocando las motivaciones de ganancia capitalista por encima de todos los vínculos religiosos, éticos y culturales”.  La creencia en el hombre económico  “ignora las nueve décimas partes de libertades humanas situadas por debajo de su cerebro: imaginación, arte y religión”.

Más aún:

Los trabajadores cualificados, los sindicatos y los agricultores también necesitan y requieren incentivos (ingresos garantizados, controles de precios y subsidios).

En conclusión, Viereck aboga por un “nuevo conservadurismo” que deje de lado el pensamiento de los discípulos de Adam Smith y vuelva su mirada a la religión mientras combate el comunismo y expande los valores cristianos (alterna entre “cristiano” y “judeocristiano”) de los Estados Unidos por todo el planeta.

En 1965 Irving Kristol, un antiguo troskista que desde los años cuarenta había colaborado en la fundación de varios proyectos editoriales de carácter conservador en lo social, intervencionista en política exterior, defensor de la política económica de Roosevelt y crítico con el liberalismo económico propugnado por la Sociedad Mont Pellerin, funda junto a Daniel Bell, otro antiguo izquierdista, la revista The Public Interest.

En el prefacio a Las contradicciones culturales del capitalismo, Daniel Bell resume el punto de vista defendido en esa publicación:

Los tres ámbitos –el económico, el político y el cultural- están regidos por principios diametralmente opuestos: el económico, por la eficiencia; el político, por la igualdad; y el cultural por la auto-realización (o auto-gratificación). Las disyuntivas resultantes han configurado las tensiones y conflictos sociales de la sociedad occidental en los últimos 150 años.

A partir de esta afirmación, la tarea que se proponen los neoconservadores es simplemente descomunal: acabar con el comunismo promoviendo una política exterior y de defensa agresiva e imperialista e imponiendo a través del Estado una serie de consensos económicos y sociales que pongan fin a los conflictos causados por el capitalismo y la resistencia a él.

El carácter antiliberal y profundamente anti-ilustrado y rousseauniano (soy de los que consideran a Rousseau más un reaccionario que un precursor del progresismo o del marxismo) es evidente. Estos antiguos marxistas pasados a la derecha parecen creer a pie juntillas las palabras de Marx y Engels en El Manifiesto Comunista y de Marx en La ideología alemana y La cuestión judía acerca del conflicto inherente entre economía de mercado y religión, de tal forma que la primera exige la desaparición de la primera (La cuestión judía, párrafos 21-26), el antagonismo irremediable que la división de trabajo y la propiedad privada no subordinada a la comunidad producen entre la ciudad y el campo y por ende la aparición de una ideología que barre las certezas morales y religiosas de antaño (La ideología alemana, párrafos 25-30) y el poder destructor de la burguesía, que ha “puesto fin a las relaciones feudales, patriarcas e idílicas” y “hundido los éxtasis más celestiales de la religión, el fervor y el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo filisteo en las aguas heladas del cálculo egoísta (Manifiesto Comunista, primera parte, párrafo13).

En términos simplistas, uno podría definir a los neocon como un grupo de pensadores que abandonaron el marxismo, aunque por alguna razón el marxismo nunca los dejó a ellos. Algo de verdad hay en ello. ¿Cuáles son esas contradicciones culturales causadas por el capitalismo y qué medios propugnanlos neocon para poner en práctica esas políticas que eviten que la libertad económica destruya la civilización occidental?

Se lo cuento el lunes Leo Strauss y el arte de la mentira, o por qué yo puedo ser ateo pero tú no.

chuecadilly@yahoo.es

7 Respuestas a “En la muerte de Irving Kristol: el neoconservadurismo, un nuevo socialismo

  1. IGNACIO SORIA

    Buenas tardes Luis:

    Desde el mayor de los afectos, te comento:

    Reconozco que no tenía ni puta idea de quien era el tal Kristol, yo soy mas de estar por casa: ya sabes ……Ramiro de Maeztu, Ricardo de La Cierva y el Paso Doble Las Corsarias. Pero vamos, de lo que he leído en sus cronológicas deduzco que debía ser buen tipo.

    Hombre, decir que los conservadores de hoy (no me gusta el término neocon, me parece que estoy leyendo a Enric Sopena) son unos criptomarxistas, me parece algo exagerado. Habrá de todo, como en botica. Aparte de que los conservadores, no son liberales, ni socialistas de derechas (como últimamente os estais acostumbrando a repetir, eso solo lo son Arenas y Ruiz- Gallardón). Quiero decir que como como conservador que soy, tus críticas hacia ellos me parecen las propias de un conservador al que le revienta que el conservadurismo no parezca liberalismo, no las propias de un liberal, que vería estas ideas un poco mas desde la barrera (No se si me explico, así como los del PP se ponen de los nervios si les dicen que son de derechas, vosotros os poneis de los nervios si os llaman conservadores). Con esto, no te estoy llamando Mari Reaccionaria, sino mas bien Reaccionariomaría (por lo de que pareces mas moderno y tecnocrático, algo así como lo que en su día fue el enfrentamiento Fraga – López Rodó).

    Ah, y en relación con la respuesta a que me diste en tu post anterior, te comento:

    – Daniel Rodríguez Herrera no es cateto, es arcaico, por prescindir de ti y hacernos buscar páginas raras que uno no puede andar leyendo a la vista de todo el mundo.

    – Religión en Libertad, despidió a su antiguo director por ser forofo de AES. (Un poco como te pasó a ti, pero al revés).

    – Estoy convencido de que César Vidal no entrevistó a López Diéguez sin el V/B de FJL. Es más, lo hizo él porque a FJL le daba vergüenza hacerlo después de las movidas judiciales que han tenido. Además lo hizo solo por perjudicar al Partido Popular.

    Un saludo.

    • Decir que los conservadores de hoy son criptomarxistas es una barbaridad, desde luego. Yo me refiero a los padres de los neocon, un fenómeno norteamericano difícil de comparar porque las circunstancias que favorecieron sus aparición y sus historias personales son difíciles de comparar fuera de su país. En mi opinión tienen poco que ver con autores como Michael Oakeshott (le recomiendo la segunda edición de su La actitud conservadora publicado por Sequitur). En Europa no se ha entendido bien el movimiento neocon, y los que en la derecha lo han entendido lo distorsionan. Esa es la razón del post y de otros que iré publicando, suministrar datos y animar el debate y la reflexión. La pregunta subyacente es obvia. ¿Qué tienen que ver esos señores con la libertad? Efectivamente, me gustaría que los conservadores leyesen más a Oakeshott y menos a la Christian Right norteamericana.

  2. Leyendo este artículo no paraba de venirme a la cabeza aquello que dijo Maura “cambiarlo todo para que todo siga igual”.

    John W.

  3. Veo que tenemos muchos puntos de coincidencia en este asunto…😛

    Un par de cosas:

    1) No todos los neocon eran troskistas — creo que eso es más bien un cliché. Eran progres, claro está, y algunos como Kristol padre o David Horowitz fueron troskistas, pero no la mayoría.

    2) Yo creo que lo de Orwell tiene perfecto sentido (ya estoy traduciendo literalmente, cohone… makes perfect sense quiero decir) y, es más, si bien nunca fui socialista y soy más liberal que neocon (neo-libertarian nos llamamos por aquí), me identifico bastante con Orwell y con su evolución y no me parece para nada una patraña sino algo digno de ser analizado.

    • Por supuesto que Orwell merece la pena, pero cre que los neocon arriman el ascua a su sardina, a menos que hablemos del auténtico Orwell, el que como Julia Escobar señala en un maravillos ensayo publicado en La Ilustración Liberal, nunca dejó de ser de izquierdas. En sus ensayos lo deja muy claro. Tal vez Irving Kristol y él se conociesen cuando ambos trabajaban para la CIA en los años 40.
      Todos nos traducimos del inglés, para consternación del bueno de Paco Umbral. Es un signo de los tiempos.
      Lo que pienso de los neocon es que sus posturas sirvieron para derribar el muro de Berlín, pero que después se volvieron cada vez menos útiles y más falaces, y en los últimos tiempos ciertamente peligrosas… y siempre un poquito “naff”.🙂
      El lunes voy a por Leo Strauss, un señor al que tengo ganas desde hace tiempo.

  4. ¿De dónde sacaste que Peter Viereck era neocon, si era un conservador de toda la vida que nunca había sido de izquierdas?

    Pienso que hubo una evolución ideológica hasta en el propio Kristol padre, que no se detuvo en los años sesenta, sino que continuó. Los neoconservadores tuvieron una presencia importante en la administración de Reagan, en la que participaron también muchos miembros de la Sociedad Mont Pèlerin, y creo que la era Reagan sirvió para que los neocons evolucionaran aún más.

    Para entender los orígenes del neoconservadurismo yo creo que no hay nada mejor que leer a George Orwell, quien para mi es el verdadero filósofo seminal de esa corriente. Y es cierto que Orwell era originalmente socialista, al igual que muchos otros neocons (¿trotskistas dices?) pero sus experiencias y la historia de la que fue testigo le hicieron evolucionar hacia algo diferente.

    Los neocons continuaron el camino iniciado por Orwell, cuyas raíces son comunitarias pero adonde el tema predominante es el de la lucha por la libertad y contra los autoritarismos.

    • Hello, anybody home? ¿Quién ha dicho que Viereck fuese neocon? Yo no, pero el texto que cito influyó a los neocon.
      No estoy de acuerdo con lo que dices sobre Reagan, pero lo contaré en las sucesivas entregas.
      Que muchos neocon eran troskistas lo han contado ellos en innumerables ocasiones. ¿No te has enterado? Pues chico, empezamos bien.
      Lo de Orwell es una patraña inventada por ellos mismos para borrar lo que para mí es un hecho, que dejaron de ser marxistas pero que el marxismo no los dejó a ellos. En absoluto continuaron nada iniciado por Orwell, eso es pura propaganda que me hace reír cada vez que la escucho.

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