El Cato apoya el matrimonio gay


Robert A. Levy, presidente del think tank liberal Cato Institute, firma un artículo en el New York Daily News titulado El caso constitucional y moral por el derecho al matrimonio gay. Más claro, imposible.

Al contrario de España, donde algunos liberales han hecho de la oposición a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo su gran causa, en los EEUU existe un consenso casi absoluto entre los miembros de los tanques de pensamiento liberal (Cato, Reason, Von Mises, Foundation for Economic Education e Independent Institute) que se han pronunciado sobre el asunto de que el matrimonio gay es una cuestión de igualdad legal, es decir, un asunto de principios. Otra cosa es la celeridad y la forma en que se legalice. ¿Liberales de sangre roja inclinados hacia el totalitarismo comunista, como dice Agapito Maestre? I don’t think so (o “mira quién fue a hablar”, que diría más de uno).

Volviendo a lo serio e interesante, Levy está de acuerdo con el alcalde de Washington en que la desigualdad matrimonial es un tema moral, social, político y religioso que atañe directamente a los derechos civiles, aunque añade que también posee una lectura plenamente constitucional. Citando a Thomas Jefferson, (“el objetivo principal del Estado es salvaguardar los derechos individuales y evitar que algunos dañen a otros”), afirma rotundo que “a nadie le hace daño la unión voluntaria de dos personas homosexuales”. Por tanto, su tesis está a años luz de los que piensan que el matrimonio gay forma parte de la cultura de la muerte o que, como el Papa, creen que esta reforma atenta contra la heterosexualidad, que debe ser protegida como los bosques tropicales de la desertización y el cambio climático (Benedicto XVI dixit).

Como otros muchos liberales estadounidenses, el presidente del Cato cree que el matrimonio debería ser “un acuerdo privado” ajeno al Estado, o en el que el Estado intervenga de forma mínima. Por desgracia, el gobierno de su país –igual que el de todos- ha promulgado más de 1000 leyes que regulan la custodia y patria potestad de los menores, la herencia y los derechos de propiedad. Tanto conservadores como izquierdistas, especialmente los influidos por el neocomunitarismo y el republicanismo, consideran que el matrimonio es un asunto semipúblico que atañe a todos los miembros de la comunidad política, que deben celebrarlo y corresponsabilizarse de la viabilidad de la unión.

Guste o no, la familia es uno de los puntos en que los liberales se alejan tanto de la derecha como de la izquierda clásicas y entran en un terreno común con la primera Nueva Izquierda, que no el progresismo de ZP. Animo a los que se tengan por liberales a repasar la biografía de Rothbard. Algunos se llevarán un buen susto, y todos se sentirán engañados. Si les sirve de consuelo, yo también lo estuve. Leer bien y desconfiar del cortar y pegar de los intelectuales de un solo libro (a veces a medias) sigue siendo el mejor antídoto contra la ignorancia. Algún día habrá que hablar del maltrato, incluso físico, que recibieron los libertarians de manos del establishment conservador en los años 60 y 70 y de la deuda impagable de la derecha con los pensadores y activistas que evitaron que millones de jóvenes contestatarios cayeran en manos del marxismo, el mismo que los neocon invocan disfrazado de discurso realista (algunos de ellos sí que tienen el alma roja).

Asimismo, igual que en los casos de las prohibiciones de matrimonios interraciales, tampoco existe aquí una necesidad imperiosa por parte del Estado para prohibir que dos hombres o mujeres se casen uno con el otro:

Si el objetivo es reforzar la institución del matrimonio, una medida más eficaz sería ilegalizar el divorcio sin causa o la cohabitación prematrimonial. Y si el fin es asegurar la procreación, entonces las parejas estériles o ancianas no deberían poder casarse.

A Levy le parece una injusticia que haya leyes que beneficien a dos personas heterosexuales recién casadas mientras que otras que llevan décadas en relaciones amorosas, comprometidas y fieles sean discriminadas. Este punto me parece especialmente importante, pues lejos de conllevar un aumento del poder del Estado, el matrimonio gay implica justo lo contrario, la remoción de una de las causas de discriminación fiscal entre los ciudadanos y el cese de la transferencia de recursos de los homosexuales hacia los heterosexuales. O dicho en términos randianos, un caso menos de robo. El artículo concluye con un argumento común a los liberales estadounidenses en su apoyo a la matrimonio gay:

Sin embargo, nuestros políticos, remisos a privatizar el matrimonio, parecen padecer una incapacidad congénita para dejar de medrar en nuestras relaciones más íntimas. Uno confía en que, en los próximos meses y años, unos legisladores estatales y federales más ilustrados tengan la valentía y la decencia de oponerse a unas restricciones aberrantes y constitucionalmente sospechosas basadas en la orientación sexual. Las parejas homosexuales son titulares de los mismos derechos y merecen el mismo respeto y dignidad que disfrutan todos los americanos.

Por cierto, el parlamento portugués comenzará a debatir en unos días el matrimonio gay, por ahora sin derecho a adopción debido a la oposición de los comunistas. La ley sería aprobada por la mínima gracias al apoyo de la mayoría de los socialistas y de todos los comunistas. El Bloque de Izquierdas pide que también se introduzca una ley sobre adopción. De esta forma podría votar “sí” al matrimonio sin traicionar su programa electoral (por muy lejos que esté de ese partido, su compromiso con lo pactado con sus votantes es ciertamente loable). El PSD, que se jacta de liberal frente a los democristianos del PP, ha presentado una alternativa consistente en la unión civil sin adopción y sus juventudes exigen un referéndum. En los últimos años, los portugueses han podido pronunciarse sobre cuestiones como la descentralización política (la rechazaron) y el aborto (la primera vez votaron en contra y después a favor del aborto libre durante las 10 primeras semanas de gestación).

Hace años, la oferta del PSD me habría parecido aceptable, pero ahora es insuficiente por dos razones. En primer lugar, las uniones civiles tienen todos los inconvenientes del matrimonio gay, como por ejemplo el aumento del gasto en pensiones de todo tipo, y ninguna de sus ventajas, es decir, la ya mencionada eliminación de una discriminación fiscal, que según Hayek constituía uno de los más graves atentados contra la libertad individual. Obviamente, exigir a los gays que renunciemos de forma altruista al matrimonio para contribuir así al equilibrio de las cuentas públicas mientras otros no hacen otra cosa que pedir más privilegios fiscales para los heterosexuales es tomar a la gente por imbécil. Masoquismo, el justo. En segundo lugar, prohibir la adopción significa condenar a los niños a una situación de inseguridad jurídica intolerable. A menos que el Estado siga el ejemplo de Fernando Ferrín Calamita y convierta a policías y jueces en una especie de nuevos Herodes dedicados al secuestro de menores, nada impide que dos personas del mismo sexo puedan criar un niño si les da la gana, y en el caso de las lesbianas incluso parirlo. La única forma efectiva de impedirlo sería la esterilización obligatoria, una política que, con perdón de Agapito, sí que me parece de sangre roja, o mejor dicho, rojinegra.

Felicito al Gobierno portugués y espero que el proyecto de igualdad legal cuente con el apoyo de los diputados del PSD que, según la prensa portuguesa, en privado respaldan la reforma. Y también espero que el ejemplo del presidente del Cato cunda entre las organizaciones y medios españoles que se autoproclaman liberales, aunque en este último caso mis anhelos son como mínimo improbables. ¿Qué se puede esperar de gente que considera que las farmacias y los taxis son prácticamente monopolios naturales? No me tomes el pelo.

p.s.

Con este post pongo fin a mi largo silencio y retomo mi bitácora con energías renovadas. Pido disculpas por la ausencia y me comprometo a leer las docenas de comentarios pendientes de aprobación, aunque una vez más reitero que en este blog el único que insulta soy yo, y sólo cuando sea estrictamente necesario. Respecto a los insultos proferidos por los comentaristas, se valorará su sentido del humor y el afán de destrucción personal. Así son las cosas. Quien añore las peleas en el patio del colegio, que se busque otro foro.

Una respuesta a “El Cato apoya el matrimonio gay

  1. Si hay algo en lo que esté de acuerdo con la izquierda, (sin que sirva de precedente), es que en este asunto la derecha, al igual que con la ley del divorcio, de oponerse frontal y contundentemente acabará ejerciéndolo mucho más que la izquierda y haciéndole una gracia casi pintoresca.

    Me alegro mucho de volver a leerte por aquí. Veo que vuelves en plena forma.

    John W.

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