¡Abajo las chonis!


Paseando el sábado por la tarde a través de Chueca y Malasaña para terminar cenando en el magnífico restaurante chino Hán, donde ponen el mejor pato de la ciudad y una de las pocas tempuras que sabe a verdura de verdad, y no a fritanga revenida, me di cuenta de algunas cosas y me reafirmé en algunas long-held convicciones:

  • Chueca está en un estado de auténtica decadencia. Los mejores garitos para comer, tapear y comprar cualquier cosa, desde ropa hasta cupcakes genuinos americanos –también sirope de arce y la auténtica mezcla para tortitas, nada que ver con la de Caprabo- están ahora en Malasaña (Jesús del Valle/ Espíritu Santo). Incluso hay un hotelito maravilloso de color rosa con Beauty Bar y todo contiguo a un edificio ocupado (Pez, 19). En la calle, más de 100 veinteañeros (y no tanto, aunque el profesor Monedero parece haber firmado un pacto con el diablo, además de con el espíritu de Stalin, desde que se hizo siervo de Hugo Chávez) perfectamente peinados y perfumados y con los harapos falsos impecablemente planchados, probablemente por alguna mucama sin papeles.
  • A pesar de ser el país europeo con más antiamericanismo, los españoles estamos enamorados de la cultura pop estadounidense. En 15 minutos, el restaurante Peggy Sue’s (el vínculo no funciona y las camareras son unas vagas y unas antipáticas, así que se fastidien; además, no está en Malasaña, sino en Chueca) pasa de estar vacío a tener una lista de espera de una hora. Otro tanto le ocurre a Home Burger (el link también está escacharrado; con la crisis vamos hacia atrás, como los cangrejos). Hay otro en el mismo barrio donde no hace falta hacer reserva, pero no se te ocurra aparecer después de las nueve y media, aunque sea con un niño de seis años de la mano para dar pena, a menos que lleves un buen libro, porque la cola es más larga que la de las oficinas del INEM de cualquier localidad andaluza. No había visto cosa igual desde que tuve que se ocurrió ir al T.G.I. Friday’s de Nueva Deli a comer unas costillas de cordero. Era el cumple del hijo de un amigo belga, y al niño le apetecía algo diferente. Tuvimos que reservar con una semana de anticipación.
  • El Metrosur que seguirán pagando nuestros bisnietos constituye la mayor agresión al buen gusto que la Villa y Corte ha sufrido en siglos. El nivel de ordinariez y de de las jovencitas madrileñas, a menos que sean pijas o antisistemas que piden libertad para Egunkaria, ha sobrepasado lo imaginable. Gracias a dios nos quedan los hijos de los inmigrantes chinos, los únicos en esta ciudad que siguen fieles al concepto fashionista de “dress to kill”. Las maricas ordinarias andinas de Chueca también, pero, y espero que no me tomen por racista ni cosa parecida, ellas matan más bien de espanto.
  • Bottomline: ¡VIVAN LAS CHINAS Y ABAJO LAS CHONIS! Como comentaba el bueno de Anatole la noche que me convenció para ir a Chueca a ver el orgullo gay y salió despavorido, “¿que soy elitista? Sí, so what?”. Amén.

chuecadilly@yahoo.es

2 Respuestas a “¡Abajo las chonis!

  1. Margol, vete preparándote que creo que se cuece una visita al extrarradio (tranquilo, que tú puedes) en busca de otro restaurante chino-chino de esos en los que las otras comunidades celebran bodas y uno se siente de lo más antropólogo

    (y enhorabuena por tu vuelta, por cierto… ya necesitaba recuperar la costumbre)

  2. ¿Como que abajo las chonis? ¿Y que vamos a hacer con su princesa, la Esteban?

    De eso nada, arriba las chonis, arriba la Esteban y arriba la ordinariez.

    (Si la violación es inevitable… )

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