Porno decente contra la cerrazón anti-israelí


El viernes por la tarde, a la salida de la librería madrileña Tres rosas amarillas, donde habíamos asistido a la lectura del cuento Gigantomaquia, de Donald Pollock (se lo recomiendo), le conté a la mi amiga M el escándalo que se había armado en el centro LGTB de Nueva York cuando el actor porno y polemista de origen ruso Michael Lucas amenazó con boicotear el centro si acogía su  programada Semana para acabar el Apartheid, una serie de actos contra Israel. Al final, la fiesta se canceló porque, en palabras de Glennda Testone, directora del centro, en un correo enviado a Lucas, el evento “no es apropiado para nuestro centro”.

Lucas, célebre no sólo por sus exhibiciones amatorias ante las pantallas, sino también por sus polémicas declaraciones en contra de la homofobia de muchos negros estadounidenses, del Islam, que le parece una “religión horrible” y “una plaga” y favor de Israel, hasta el punto de entender que algunos israelíes (una minoría, según las encuestas) estén en contra de un Estado palestino fronterizo, se une así a la cada vez más larga lista de gays políticamente incorrectos que no sólo están en desacuerdo con el seso antioccidental y políticamente extremista -normalmente de lo que llamamos izquierda- de algunas organizaciones LGTB, sino que se manifiestan abiertamente contra él. Dieciocho años después de su publicación, el debate planteado por los autores de Beyond Queer y sus quejas contra lo que denominaban “ortodoxia gay de izquierdas” siguen de plena actualidad.

El comentario de M fue bastante rotundo: “Lucas es un hombre decente”. Estoy de acuerdo con ella. De cintura para abajo, la decencia de Lucas, entendida como “recato, honestidad y modestia” según la segunda acepción de la palabra en el diccionario de la RAE, es cuestionable (recordemos que a su vez “honestidad” también se refiere a los asuntos carnales, mientras que “honradez”, que suele usarse como sinónimo, es otra cosa). Pero si hablamos de “dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado o calidad de las personas”, que es la tercera acepción de la palabra, es difícil no estar de acuerdo con M. ¿Paradójico? En absoluto.

¿Es Michael Lucas un poco bocazas? Sí. ¿Debería matizar sus declaraciones políticas? Probablemente. ¿Miente? No. Y para mí, eso es lo más importante.

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