Los guerreros de Cristo Rey


“Esta discoteca nunca estuvo tan llena como durante la Convención Republicana de 1992”. La ciudad es Houston, y la discoteca Rich’s, un local gay. Desde entonces, finales de los 90, ha llovido tanto y nos hemos enterado de tantas cosas que no sé a quién le pueden extrañar, o incluso escandalizar, estas paradojas. Los bares gay de Houston hacen su agosto durante la convención republicana que marcó el apogeo de la derecha cristiana, en la explanada donde miles de jóvenes pasaron la noche previa a la última Jornada de la Juventud en Sydney se encontraron montones de preservativos, en el Siglo de Oro la inquisición andaba ocupadísima reprimiendo a los curas sodomitas… y en Barcelona se representa una obra de teatro ambientada en un bar gay de sexo cuya clientela aumenta la noche anterior a la última visita del Papa a Barcelona. No me digas que alguien acaba de inventar la pólvora y nosotros sin enterarnos.

No sé más de la obra, así que no puedo opinar sobre ella aparte de algunas fotos que he visto y que espero no reflejen el montaje, porque si es así se han equivocado de cabo a rabo, sobre todo en los peinados y gestos de los actores. Confío en que no sea un remedo de Ozores à la tardofranquista. Supongo que la protesta de los alborotadores no identificados, que bien podrían ser personas que protestaban de verdad o fingidores que llevaban a cabo una hábil operación de marketing (no sería de extrañar porque estas cosas llevando pasando siglos) aumentará la recaudación de la obra, que no ojalá no sea más de lo mismo, es decir, la enésima y bostezante traslación de Cementerio de automóviles de Arrabal (¡menudo coñazo!), que tal vez en su tiempo causara sensación y resultase novedosa e impactante, ¿pero ahora?

El tiempo dirá si Gang Bang se convierte en un nuevo Howl (no se pierdan la película con James Franco) o incluso en la versión hispana de Faggots, la estupenda novela de Larry Kramer, o pasa sin pena ni gloria, o incluso con más pena que gloria, como tantas creaciones de ese tipo que a menudo lo único que demuestran es lo reprimidos que han estado algunos. A propósito, les recomiendo Mi primera vez, basada en una obra estadounidense que incluye los testimonios, verídicos o no, claro, de personas que relataron su primera experiencia sexual en la página www.myfirsttime.com

En cuanto al interés que pueden suscitar las conversaciones en un sex club gay, la verdad es que no puedo decir mucho porque mi experiencia es escasa. La segunda y última vez que estuve en uno charlé con el barman y un cliente sobre la posible integración de la libra en el euro y el futuro de la moneda común europea. Intercambiamos unos cuantos lugares comunes, expresamos nuestra indignación contra los rescates y luego cada uno a lo suyo. Por desgracia, ningún abuelito antiguo preso en un campo de concentración nazi entró en busca de su nieto y se desmayó del susto al reparar en la indumentaria de algunos. Esta y otras joyas del humor negro en la novela de Kramer, criticadísima por activistas gays porque, en su opinión, cosas como así denotaban homofobia y auto-odio.

Otro asunto es la conveniencia de que, con dinero público, se financie arte de contenido obsceno, erótico, pornográfico, crítico con manifestaciones religiosas o con la energía eólica (¿alguno se atreverá? Eso sí que me parecería transgresor: Muerte de un pajarillo, agonía de la hormiguita y genocidio paisajístico en la España de las fuentes de energía alternativas). Como yo estoy en contra de la financiación pública de los teatros, no entro en la discusión porque lo tengo muy claro: teatros públicos, ninguno, ni siquiera para clásico. Que cada uno censure lo que quiera en su casa, que se arriesgue o no, que el público vote con su cartera y que todos se busquen la vida para hacer rentables sus creaciones y sus negocios, como los demás.  ¿Por qué nosotros sí y ellos no? Pues ninguno, aunque me acusen de envidioso. Polémicas como la de Gang Bang nos hacen un favor inestimable a quienes defendemos la separación entre Estado y cultura. Más, por favor. Che impensata notivá? Anda ya.

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