El capitalismo zen de Jon Rowe


The Jon Rowe Archives, escrito por Jonathan Rowe, es uno de esos blogs que debería visitar más, pues siempre que lo hago aprendo algo nuevo, importante, y sobre todo inspirador. Hace un par de días, Jon publicó un pequeño ensayo que no me resisto a traducir con permiso del autor. Dice así:

Abandona tus planes de vida

Y deja que las cosas pasen. Una vez John Lennon dijo, “la vida es lo que te ocurre cuando estás ocupado haciendo otros planes”. Pertenece a Beautiful Boy, una canción estupenda. Seguramente se trate de la frase más sabia escrita por John Lennon (puesto que también expresó otras ideas muy malas en sus canciones, como “imagina que no hay posesiones”, un concepto que malentiende radicalmente la naturaleza humana).

En principio, me hace gracia que alguien pueda pensar que la planificación central de orientación marxista pueda producir mejores resultados que el capitalismo espontáneo y sin planificar. Pero la realidad lamenta no estar de acuerdo. Hay un cierto elemento zen, de estar en el lugar adecuado en el momento justo, de dejar que las cosas pasen como quieran que pasen que el capitalismo incorpora y para el que la planificación central, o una planificación rigurosa de la vida, resultan inútiles y a menudo contraproducentes.

Si tienes hijos, no planees sus vidas, más bien abre las puertas. Después de que cumplan  18 años, y a medida que crezcan, tanto más inapropiado será ejercer presión emocional sobre ellos para que toman las decisiones “adecuadas”. En cambio, si tienes que intervenir para evitar que se conviertan en adictos al crack o en asesinos en serie, eso es entendible. Tu objetivo debería ser criar personas que a partir de los 25 años o como mucho cuando estén cerca de los 30, sean adultos autónomos y plenamente responsables. De esa forma podrás dejarlos y dejar que prosperen mientras tú observas de forma pasiva y paciente desde un segundo plano, ofreciendo consejos amables, implícitos y útiles con pocas o ninguna frase emocionalmente reactiva como “deberías” y “tienes que”.

En lo que concierne tanto a las existencias individuales como a la política estatal (yo soy liberal tanto en política como en asuntos personales), sugiero sustituir la idea de un “plan central” específico por una consciencia más general, por colocarte en la dirección “correcta” sin un plan específico. Como dijo Richard Epstein, Reglas sencillas para una sociedad compleja. Gana conocimientos por ti mismo y mantente a la altura de las cosas mientras vive tu vida de modo responsable. Permanece consciente y listo para apuntarte a lo repentino, a las oportunidades desconocidas cuando surjan. No intentes anticiparte ni predecirlas porque, en su gran parte, son impredecibles y no se pueden planear.

He tenido la oportunidad de asistir a una escuela superior de música en Boston, Massachusetts, una de las mejores ciudades de la nación. Allí conocí a un montón de personas brillantes con delirios de grandeza. Nadie podía predecir con precisión quién “lo lograría”, aunque algunos de los más dotados entre nosotros sí que lo lograron. Bajistas con el mismo talento que los guitarristas (el instrumento que yo toco) tenían muchas más posibilidades por razones de simple oferta y demanda (por cada bajista hay cuatro guitarristas, aunque para los grupos en general, la proporción se acerca más a 1,5 guitarristas por bajista). La mayoría de los mejores intérpretes salidos del Berklee College of Music que triunfaron no terminaron la carrera, sino que usaron la escuela como una red social, obtuvieron de ella lo que necesitaban de ella y pasaron a otra cosa.

Los que sí terminamos y obtuvimos nuestra licenciatura en Música, el título nos fue bastante útil en el sentido de que el mercado de empleo, los departamentos de recursos humanos y demás valoran los títulos de instituciones reconocidas incluso si hay poca relación entre lo que estudiaste y lo el trabajo que realizas. Sé que este modo de funcionamiento del sistema es una putada, pero así es como funciona en la actualidad.

Por ejemplo, mi mejor amigo es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Penn State. No pudo encontrar un trabajo nada más titularse y durante unos cuantos años trabajó, y ganó bien, en la construcción. Por fin consiguió un puesto de funcionario para una administración estatal el cual no podría haber accedido sin su licenciatura. Ahora bien, para realizar su trabajo adecuada y eficazmente, seguramente no le habría hecho falta cursar la gran mayoría de sus asignaturas. En un mundo perfecto podríamos idear una forma mucho más rápida y barata de predecir quién va a estar cualificado, pero mientras las firmas públicas y privadas valoren tanto una licenciatura, ese título, siempre y cuando provenga de una institución acreditada, poseerá un valor intrínseco a la hora de optar a un empleo. Y si la “finalidad” es simplemente sacarse el título, date cuenta de que modos más y menos costosos de alcanzarla. Te sugiero hacer lo que puedas para evitar incurrir en deudas para conseguir una formación universitaria.

Tengo una tía con una historia análoga: se licenció en Magisterio en una Universidad del montón, aunque debidamente acreditada, y terminó teniendo un trabajo estupendo, del que se jubiló con una pensión completa poco después de los 50 años. Ayudaba a gestionar el servicio público de salud de un condado. Una vez más la relación entre lo que estudió y su trabajo era poca o ninguna. Sin embargo, la licenciatura la cualificó para su puesto.

En todo caso, y volviendo a esos amigos míos que seran y son músicos con tanto talento, muchos de ellos brillantes y trabajadores, algunos de ellos consiguieron la licenciatura y otros no (yo asistí a la universidad a mediados de la década de 1990). Los que “no triunfaron” (la mayoría), siempre y cuando se tratase de personas medianamente brillantes, responsables y trabajadoras, terminaron desempeñando trabajos que en la actualidad les permiten un nivel de vida decente. Esa es la realidad del capitalismo: piensas que vas a ser un músico famoso y a los 22 años trabajas en una cafetería o en una tienda de discos. Tu gran momento nunca se produce. Se haces mayor y quieres ganar más dinero y comienzas a buscar oportunidades en las que emplear tu talento, pero te ves limitado por el modo en que el mercado lo valora. En una sociedad libre, tienes derecho a seguir tus sueños, pero solo a desempeñar el trabajo que te ofrecen. Cometes errores y aprendes de ellos. Tienes que comer y alimentarte a ti mismo y a tu familia, así que aceptas ciertas ofertas que te salen al paso y terminas haciendo… lo que nunca habrías planeado en un principio.

Esto es especialmente cierto en el siempre cambiante mundo del tecno-capitalismo de la destrucción creativa en el que impera la ley de Moore.

Creo que por muchos errores que contenga, El mundo es plano, de Thomas Friedman, discierne con precisión la síntesis de la ley de destrucción creativa de Moore desde el punto de vista optimista del capitalismo global. En una conferencia acerca de su libro que dictó en el Massachusetts Institute of Techonolgy en 2005 afirmó que la típica persona con formación superior (formal o autodidacta) de la generación X o de la Y podría acabar viviendo de ser, por ejemplo, “optimizador de máquinas de búsqueda internética”. ¿Cómo puedes planear algo así cuando estás en primaria y las máquinas de búsqueda aún no han sido inventadas? No puedes. Pero la verdad es que terminarás haciendo una cosa así.

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