Epicuro musical


De Exhortaciones, cartas y máximas, Clinamen, o Clínamen, esa teoría según la cual si todo lo que se mueve lo es por algo, debe haber algo que mueva sin ser movido. En vez de ser la divinidad, Epicuro introduce una desviación espontánea del átomo en su caída. Esta es la base del libre albedrío dentro incluso de un sistema mecanicista y determinista y la inspiración de Agustín González Acilu para Clínamen, obra musical para soprano, coro y orquesta (200-2007) estrenada ayer 3 de mayo en el Auditorio Nacional con la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid dirigidos todos por José Ramón Encinar.

Aparte de sentirlo por Pilar Jurado, la solista, quien no tuvo su mejor tarde, aunque tanto ella como el coro tuvieron que enfrentarse a unos armónicos auténticamente asesinos (me preguntaba si podrían hablar mucho después del tremendo esfuerzo) la pieza me encantó desde su comienzo, cuando el coro asevera, a veces con cierta falta de sincronización, todo hay que decirlo:

El ser divino, bienaventurado e incorruptible, no tiene dificultades, ni las crea a otros; de manera que no se deja coaccionar ni por las iras ni por los favores, pues sólo un ser débil está a merced de tales coacciones.

Y mucho más:

Toda amistad es en sí misma deseable, pero ha tenido su origen en el provecho.

 Si rechazas todas las sensaciones, no tendrás nada, cuando razones, para juzgarlas, ni siquiera aquellas que consideras falsas.

Si nos privamos de la vista, de la conversación y del trato continuado, la pasión amorosa se desvanece.

No es la bebida, ni la comida, ni el sexo, sino el razonamiento juicioso lo que nos conducirá a una vida feliz.

Termina así:

Clinamen – Sabiduría. Clinamen – Amistad. Felicidad. Sabiduría. Naturaleza. Amistad. Clinamen – Libertad.

¿Verdades de Perogrullo? Quizá, pero en esta vida en la que tantas cosas hacemos sin saber y sin razonar, no está de más que de vez en cuando alguien nos recuerde lo básico. Y si es por medio de una música bella, mucho mejor.

Como no encuentro ninguna grabación ni vídeo de Clinamen, aquí tienen la obra que antecedió al estreno, y que de cierta forma establece un contrapunto, que no contradicción, filosófico con ella, la romántica Canción del destino de Brahms, (de Hiperión, de Hölderin), maravillosa y dulcemente fatalista, aunque quién sabe, hay que buscar siempre la marcha de la luz.

Feliz día a todos, tanto a los que pueden descansar como a los que no, a los dolientes y a los gozosos. Hacia lo incierto vamos, no hay solución, pero in the going, restless as it might be, lies the source of all truth.



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