Música para correr


En De qué hablo cuando hablo de correr, Haruki Murakami cuenta que él usa rock n’ roll. Yo lo intenté y el resultado fue pésimo. Creo que se me aceleró mucho el corazón y a media carrera la guitarra eléctrica se me hizo insoportable. Sentía como si el sonido me rasgase los tímpanos.

Tras probar con varios estilos, hoy me decidí por La Clemenza di Tito, la última ópera de Mozart. La elegí porque en Semana Santa ojos verdes -no more, pero eso será asunto de otro post cuando toque, como decía Pujol- y yo comentamos un libro sobre Mozart, 1791, en el que se dedican varias páginas a ella. Está repleta de recitativos secos con pianoforte, al menos en la versión que yo tengo,  y de arias que yo denomino “cartón piedra”. A pesar de las innovaciones que Mozart introdujo, sobre todo al final del primer acto, muchos fragmentos, especialmente de Vitelia, rezuman cierto despacho barato y una simplicidad que me recuerdan a Joan Collins en Dinastía, aunque para muchos críticos la obra posee una gran complejidad dramática. No sé dónde, la verdad. A mi modesto entender, faltan matices y sobran actitudes de mala, o si me permiten la incorreción política, de marica mala. Ya me entienden.

Sin embargo, me arriesgué y me puse la selección de la obra que tengo en el ipod. Para mi sorpresa y regocijo, el resultado no pudo ser mejor. No sé qué tendrán esos recitativos llenos de lugares comunes y frases manidas, las marchas vacuas y pomposas, la ira impostada y casi carcajeante de Vitelia y la bobería del pobre Sexto, pero lo cierto es que con cada  acorde me sentía literalmente propulsado, y durante durante las arias aceleré mucho sin que apenas subieran las pulsaciones y sin que me faltase el aire. Ha sido una experiencia maravillosa; sin sufrimiento, por supuesto, y lo que es más importante, sin dolor. Terminé con ganas de más y después me recreé con los estiramientos, que realicé lentamente y con gran placer.

Supongo que habrá habido otras variables en juego. Por si acaso, y para confirmar lo que creo es un valioso hallazgo para mí, mañana pobraré con Mitridate Re di Ponto. On vera. Espero que esto pueda serle útil a otros. Como muestra, uno de los fragmentos más desmesurados, casi irrisorios, de La Clemenza, “… Sai ch’egli usurpa un regno, Che in sorte il ciel mi dei…”  y mucha “alma lacerata”. Cuando terminó, tuve que repetirlo porque me puso a 100, no de pulsaciones, sino de velocidad. Sólo de pensar en las sensaciones que experimenté se me pone la carne de gallina. Quién lo hubiese dicho.

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