La batalla de Nueva York se recrudece


Tras la aparición de una de las hijas de George W. Bush en la campaña a favor de la legalización del matrimonio entre personas el mismo sexo en Nueva York, un grupo de financieros que en el pasado ha apoyado a diversos cantidatos republicanos ha donado un millón de dólares a la coalición de grupos que defienden la igualdad legal entre heteros y gays.

Según informa el Nek York Times, Michael R. Bloomberg, ex alcalde republicano de la ciudad y generoso patrocinador de varios miembros del GOP en el Senado de Nueva York, ha donado al menos 100.000 dólares de su bolsillo a la causa, además de organizar actos de recaudación de fondos, reuniones con miembros del Legislativo y dar un discurso sobre el asunto.

Las nuevas aportaciones republicanas representan dos tercios de los fondos disponibles para los defensores de la igualdad legal. El objetivo de la campaña es convencer a un grupo de senadores republicanos para que voten a favor de la medida, ya que de las dos cámaras legislativas de Nueva York, el GOP controla el Senado.

Los argumentos expuestos por estos activistas republicanos y del Tea Party para apoyar el matrimonio gay es que, además de favorecer la economía de Nueva York, el derecho de los homosexuales a casarse es coherente con la defensa del Estado limitado.

Como suele suceder en esta cuestión, a los motivos ideológicos se suman razones personales. Uno de los hijos de Paul E. Singer (casi medio millón de dólares aportados), director del think tank de centro-derecha Manhattan Institute, que según me han contado amigos y conocidos que trabajaron allí siempre fue una institución especialmente gay-friendly, es gay y está casado con otro hombre en el estado de Massachusetts. Otra figura clave en este movimiento es Ken Mehlman, antiguo presidente del Partido Republicano y abiertamente gay.

Como he contado otras veces, el movimiento liderado por algunas figuras de la élite del GOP y apoyado por algunos influyentes comentaristas políticos de derechas tiene como objetivo acabar con una de las plantaciones electorales de la izquierda, el llamado “voto rosa”, que no sólo incluye a gays, sino a muchas personas de su entorno que no están dispuestas a votar a candidatos que discriminen a sus hijos, hermanos y amigos.

Como demuestran los casos sueco, británico, holandés (el apoyo de los gays a los partidos de derechas en aquel país es mayoritario), italiano (el partido de Gianfranco Fini está a favor de la igualdad legal, aunque por el momento se quedaría con una ley de parejas) y recientemente español (como dicen algunos altos cargos del  PP, “todas las noches Rajoy y nosotros rezamos para que el Tribunal Constitucional apruebe el matrimonio gay”) la derecha liberal es cada día más consciente de que, como dijo el alcalde de San Francisco y confirmó Barbara Bush madre, “it’s coming, whether you like it or not”. Más que nadar a contracorriente, como en Hungría, algunos se han dado cuenta de que lo más conveniente es, como poco después de las elecciones de 2008 le exigía José Carlos Rodríguez a Rajoy, ponerse al frente de la manifestación, ocuparse de asuntos más importantes y de paso demostrar la autenticidad de su compromiso con la libertad individual, su oposición al mega Estado Niñera propugnado por la izquierda y a los peligrosos guiños de los llamados progresistas al islamismo político y su independencia del lobby religioso católico.

La credibilidad de la derecha como garante de la libertad, la democracia y la civilización occidental frente a las veleidades autoritarias de algunos sectores izquierdistas cada vez más desnortados (si en el PP hay miembros del Opus Dei, en el PSOE hay políticos que además son miembros de la Junta Islámica; curioso el laicismo a la carta de nuestros socialistas) indefectiblemente por el matrimonio gay. Otra cosa con las odiosas políticas de discriminación positiva, la intolerable orientación ideólogica en los colegios, las condenables restricciones a la libertad de expresión (homófobos del mundo, salgan del armario ya y que el mercado les dé su merecido) y la conveniencia de que la palabra “matrimonio” desaparezca de la legislación y quede reservada para el ámbito privado y religioso, harinas del mismo costal libertario. Pero como todos sabemos, la política es el arte de lo posible, y la posibilidad de que la legislación no diferencie entre homos y heteros más allá de las diferencias evidentes fruto de la biología me parece un paso adelante.

chuecadilly@yahoo.es

Actualización: Gary Johnson, antiguo gobenador de Nuevo México y candidato republicano a la presidencia de los EE.UU. dice en uno de sus anuncios “una administración en la que “LGTB  no es una palabra fea” (four letter word) . Mientras tanto, Ron Paul, quien votó en contra de la Ley de Protección del Matrimonio y ahora la defiende, aunque a renglón seguido dice que el Estado central no debería ocuparse de esos asuntos (ya saben, la Tierra es plana aunque debería ser redonda, ¿qué tal dejarla triangular?) y se opuso a la enmienda constitucional en contra del gay marriage sigue haciendo guiños al lobby religioso y descidiéndose de lo que defendió en su campaña de 2007. Una pena.

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