El lobo Rajoy y los caperucitos carnívoros


Lo mejor del verano para pseudoeremitas como yo es pasar el día entero en la zona más atestada y abigarrada de alguna playa o piscina moderna pegando el oído a conversaciones ajenas, o como dirían los cursis, pulsando la opinión de la calle.

Entre las visiones del mundo que más me conmueven está la de aquellos que siguen agarrados como un clavo ardiendo a la eterna promesa de salvación del PSOE, (por lo que escucho, algunos ya se han quemado en las llamas del paro y la futura emigración; serán masoquistas) que como ya he dicho otras veces está más populista y menos socialdemócrata que nunca.

Hace unas semanas, en la playa La Mar Bella de Barcelona un fornido treintañero alertaba a sus amigos de que con Rajoy “se acabarán las libertades sociales” y que volveríamos  “a los tiempos de Felipe González”. Supongo que lo de FG vendría a propósito de la infausta ley de la patada en la puerta del funesto Corcuera, aunque lo dudo. Minutos antes, les había confesado a sus camaradas que una vez confundió el Palau de la Música con el Palau Sant Jordi y que por eso llegó tarde a un concierto de Mónica Naranjo. No creo que la diva notara su ausencia. También les contó que había tenido problemas de salud porque consiguió unas anfetaminas, que le habían dicho son buenas para aguantar más en el gimnasio, y casi se vuelve loco porque ignoraba lo que eran y para lo que normalmente se consumían. Creo que en este caso un par de anécdotas ilustran perfectamente la categoría de personaje al que me refiero. Por desgracia, nunca supe a qué se refería con eso de “libertades sociales” porque ninguno de sus amigos se dignó responderle o asentir. No se lo reprocho.

No sé qué libertades estarán amenazadas por Rajoy, pero me gustaría saber qué opinión le merecen al fortachón de playa las reformas judiciales que prepara el Gobierno y que, por ejemplo, suprimirán la acción popular, uno de esos grandes logros democráticos según la progresía… hasta que también sirve para perseguir etarras que el PSOE considera deben seguir libres o procesar a políticos y funcionarios, la mayoría de los cuales pertenece a “esa conocida formación política experta, como todas, en las mañas de la corrupción” (Achero Mañas). También me encantaría saber qué sensación le produce que el Gobierno quiera investir a los fiscales de más poderes a la hora de instruir sumarios, de modo que el papel del juez            quedará aún más debilitado, y añadir una especie de comisarios judiciales con capacitación mínima, si es que la poseen, para vigilar la acción de… ¿el fiscal? No, el juez. Más que a los tiempos de Felipe González, estas reformas nos hacen retroceder a la época de Hamurabi. Tampoco debería extrañarnos, ya que una de las constantes de la izquierda española ha sido reclamar a los jueces que sus sentencias estén acordes con las preferencias que se le suponen a la mayoría parlamentaria del momento. Deberían ser coherentes y pedir la abolición de los tribunales. Si no se atreven, que lo hagan los indignados por ellos, para que quede más estético, si es que el look perrroflautista lo es.  En vez de jueces y magistrados, intérpretes aúlicos, por ejemplo el cachas de la playa o cualquier ciudadano de a pie que luzc piercings y dreadlocks, ya sabes, gente con pinta de progresista, de los nuestros, vaya, que dictamine si el delito o falta en cuestión debe ser castigada, o si llegó a cometerse (¿traje y corbata? ¿Mechas de rubia pepera? Seguro que son malísimas personas, al trullo con ellos).

Así las cosas, me sorprende que Elena Valenciano dijera en twitter que en 120 caracteres no hay espacio suficiente para explicar el Estado de Derecho. Claro que sí:

Estado de Derecho = qué aburrido, mejor quitarlo, ¿no?  Suena como antiguo ¿no te parece? Me indigna.

chuecadilly@yahoo.es

2 Respuestas a “El lobo Rajoy y los caperucitos carnívoros

  1. Juas juas juas m he partido y repartido con los primeros parrafos han sido lo máximo, es para leerlo releerlo y morirse de la risa jajaja pero me da que ese especimen abunda en los Gym en exceso porque en el mio los hay a pares jajaja.

  2. Fantástico y refrescante post, querido amigo. Es que la Mar Bella da para mucho. Realmente gráfico y descriptivo, me llegaba hasta el olor a bronceador, ese que se mezcla con el salitre. Mezcla explosiva, como la que tenemos en España.

    Saludos desde Boston.

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