Un día como otro cualquiera

Qué pesados se ponen a veces los periodistas con los detalles anecdóticos y que poca atención prestan a menudo a lo importante porque se tarda más de cinco segundos o una línea en explicar. 20-N es un titular perfecto, pero ¿tendrá algún efecto sobre el resultado final? ¿Dirán algunos socialistas (los que no son hijos de falangistas) que hay que votarlos a ellos porque es lo que más le habría fastidiado a Franco, cuyos herederos son los de Rajoy? ¿Dirán los populares que ellos se merecen un voto 20-N porque frente a la derecha vieja que murió ellos son el centro-derecha que trajo la democracia y ahora traerá la normalidad tras los años de delirios socialistas? Como la campaña vaya por ahí, estamos apañados.

Mucho más interesante que la fecha me pareció el anuncio de Rajoy de la celebración de foros no partidistas, cuatro en total en Canarias, Madrid y Zaragoza, sobre empleo, economía, educación y reforma del Estado. Si ayer criticaba el comportamiento de los indignados, impresentable a mi juicio (se me olvidó comentar su estética, así que resumiré: algunos son más horteras que un perroflauta con una camisera de la selección republicana) y los señalaba como parte del problema, que no la solución, hoy tengo que admitir que de no ser por lo que comenzó en la manifestación del 15 de mayo en Madrid, desnaturalizado y distorsionado después hasta el punto de no tener casi nada que ver con aquello ni en formas ni en contenido, el PP no estaría dispuesto a arriesgarse a montar cuatro foros abiertos de verdad –ya veremos cuánto– a los que parece ser asistirán más que afiliados y abajofirmantes al uso.

Supongo que la noticia, con la que los populares pretenden ganar a los socialistas a su propio juego, habrá pillado totalmente desprevenidos a los de Rubalcaba, obligados ahora a hacer lo mismo corregido y aumentado, incluyendo seguramente algún foro de derechos o de igualdad, como quieran llamarlo, y/o otro de cultura, aunque ese no es probable que se celebre, ya que las Islas Caimán pillan demasiado lejos.

De Zapatero la verdad es que no me interesó casi nada. Lo noté nervioso e inseguro, aunque ahora estará muy contento de que nadie pareciese darse cuenta de que, al responder a una pregunta sobre el decreto del 19 de agosto, se le colara la palabra “recortes” a propósito de los medicamentos. Zapatero se va anunciando “recortes” de medicamentos habría sido un titular magnífico para algunos medios. Se lo habrán guardado para otro día.

En cuanto a Rubalcaba, prefirió no interesar y darle todo el protagonismo a Zapatero y al mismo tiempo hablar como si ya fuera presidente del Gobierno, evitando dar cualquier detalle acerca del programa electoral, propuestas o campaña. Lo que algunos llaman un discurso institucional, es decir, aburrido, anodino y sin chicha. Por eso su rueda de prensa y entrevista posterior en la Cadena Ser no aparece destacada en casi ningún sitio, ni siquiera en los medios afines al PSOE. No es cuestión de malgastar, aún quedan tres meses y medio.

En fin, it’s on. Qué vértigo. Y qué frío van a pasar algunos en los mítines. All’armi, cavalieri!

chuecadilly@yahoo.es

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Indignados: ¿santos o bárbaros?

“Los santos deberían ser juzgados culpables a menos que se pruebe su inocencia, aunque, cómo no, las pruebas a las que debemos someterlos no son las mismas en todos los casos”. Así abría George Orwell su comentario sobre la autobiografía de Ghandi en 1949. Su conclusión, que los objetivos de Ghandi eran “antihumanos y reaccionarios. Pero considerado simplemente como político, y comparado con otras destacadas figuras políticas de nuestro tiempo, se las arregló para dejar tras de sí un olor muy limpio”. ¿Qué aroma dejarán a su paso los indignados?

El hartazgo de tantos españoles con unos políticos mediocres –abundan las excepciones, aunque conscientes de su singularidad suelen mantenerse en un segundo plano o terminan abandonando la escena– y la aparente ausencia de  proyecto para nuestro país han proporcionado a los indignados un barniz de legitimidad y una benevolencia de las que carecen. Puesto que uno de los mensajes principales de los indignados es la denuncia de la deshumanización de la política y la economía y los abusos de poder, la pregunta que habría que hacer a la hora de juzgarlos es si su comportamiento difiere en algo de lo que denuncian.

El vandalismo, la agresividad y el creciente desprecio por los derechos de los demás, el vano exhibicionismo y la vanidad convertida en pura soberbia de estos iluminados que por alguna razón se creen mejores que los demás y que exigen sumisión, silencio e incluso agradecimiento a todos los perjudicados por sus acciones (a los comerciantes de la Puerta del Sol les contestaron que, lejos de perder dinero, lo ganaron gracias a ellos) deberían bastar para abandonar cualquier esperanza de regeneración y mejora que el movimiento podría haber suscitado. Piden democracia, pero su conducta es justo la opuesta a cualquier forma de convivencia pacífica. Exigen justicia y equidad pero se comportan como auténticos rateros, igual que esos ocupas que invaden edificios en rehabilitación, enviando al paro a decenas de inmigrantes. ¿Qué pasaría si los perjudicados, justamente indignados,   ejercieran su legítimo derecho a defender su medio de subsistencia?

La respuesta de los indignados ante los graves problemas de la sociedad española no constituye una cura, sino un síntoma más de las enfermedades de nuestro tiempo, descritas en este poema del siglo pasado por alguien que, tras padecer algunas de ellas (nacionalismo, romanticismo, telurismo, autoritarismo) años después la rememoró, esta vez horrorizado ante la crueldad de los gobiernos.

Girando y girando en el creciente círculo

El halcón no puede oír al halconero;

Todo se deshace; el centro no puede sostenerse;

Mera anarquía es desatada por el mundo,

La oscurecida marea de sangre es desatada, y en todas partes

La ceremonial de la inocencia es ahogada;

Los mejores carecen de toda convicción, mientras los peores

Están llenos de apasionada intensidad.

Seguramente alguna revelación está cerca;

Seguramente la Segunda Venida está cerca.

¡La Segunda Venida! Apenas pronunciadas esas palabras

Cuando una vasta imagen del Spriritus Mundi

Inquietó mi vista: en algún lugar en las arenas del desierto

Una forma con cuerpo de león y cabeza de hombre,

Una mirada vacía y despiadada como el sol,

Mueve sus pausados muslos, mientras por doquier

Circundan las sombras de las indignadas aves del desierto.

La oscuridad cae de nuevo; pero ahora sé

Que veinte siglos de un pétreo sueño

Fueron contrariados hasta la pesadilla por el mecer de una cuna,

¿Y qué tosca bestia, cuya hora llega por fin,

Cabizbaja camina hacia Belén para nacer?

William Butler Yeats, La Segunda Venida, 1919.

Atentados en Noruega: ¿somos culpables?

Resulta que los atentados de Noruega tienen muchos culpables. Y entre ellos estamos los tildados de islamófobos, es decir, los que nos oponemos al multiculturalismo (nuestras sociedades lo son, pero el Estado no debe fomentarlo), llamamos la atención sobre el autoritarismo y la amenaza a la libertad y la democracia que supone el denominado Islam político, exigimos que la Justicia y las fuerzas de seguridad se ocupen de los crímenes que se producen por motivos religiosos y culturales en el seno de las comunidades musulmanas (mutilaciones genitales, secuestros de mujeres, asesinatos de honor, venta de mujeres en el extranjero), alertamos sobre el odio y la incitación a la violencia de los mensajes que se lanzan desde algunas mezquitas europeas y creemos que la culpa de todo esto reside en gran parte en algunos aspectos del Estado de bienestar, no sé si bien intencionados, pero que de hecho constituyen una nueva forma de racismo que fomenta la creación de una infraclase formada por inmigrantes e hijos de inmigrantes, mayoritariamente musulmanes.

Marginación, frustración, ignorancia y atavismo son los ingredientes de una receta explosiva de pobreza, fraude, violencia y radicalismo que a su vez provoca una reacción que va mucho más allá de la protesta contra políticas inadecuadas, como demuestra la existencia de partidos como Plataforma por Cataluña, que combinan el rechazo a la mal llamada discriminación positiva –en realidad, discriminación doblemente negativa– con la denuncia de lo que ellos denominan “globalización económica y cultural”, el capitalismo, el libre comercio, la banca y el liberalismo con la excusa de “cuidar a los de casa”, asuntos en los que su discurso no se diferencia en casi nada del izquierdista y que coincide plenamente con el de los indignados.

Sin embargo, algunos listillos y algún que otro zoquete se han propuesto arrimar la sangre de los asesinados en Noruega a su sardina para sacar provecho político, estigmatizar a los adversarios políticos y de paso colocar mordazas a los que no piensan como ellos. Es el caso de la drag queen convertida en activista de no sé qué Shangay Lily, quien aprovecha los muertos para esputar un discursillo acusador contra lo que él denomina TDT Party. La cosa tendría su gracia si no fuera porque a continuación Tomás Gómez, el líder del PSOE de Madrid, se hace eco de esos argumentos y propone censurar a algunos medios de comunicación. Que Shangay Lily se haya convertido en el nuevo profeta de la izquierda es una prueba más del estado de postración intelectual y moral del socialismo español. Bueno es saberlo. Como digo, el asunto podría tener un aspecto incluso cómico de no ser por el odio y la incitación a la violencia que este tipo de mensajes conlleva. A uno le entran ganas de parafrasear a Matthew, el personaje americano de la película Los soñadores, cuando, indignado ante el comportamiento de sus amigos franceses en el mayo del 68, les acusa de ser ellos los fascistas. La consigna podría ser: ustedes, zurdo-fascistas, son los terroristas. Puestos a exagerar y a acuñar invectivas rotundas, categóricas y llenas de vehemencia, ¿por qué no ésta?

Más que la cagalera mental de los de aquí me preocupa la cortedad de algunos influyentes analistas políticos extranjeros considerados serios y ponderados. Por ejemplo, Andrew Sullivan, uno de los comentaristas políticos más leídos de los EE.UU., quien en su blog  se descuelga acusando al escritor estadounidense residente en Noruega Bruce Bawer, uno de cuyos libros, Mientras Europa duerme, tradujo al español la editorial de FAES Gota a gota. Andrew y Bruce han compartido trinchera en varias batallas políticas, entre ellas la de los llamados “gaycons”, gays conservadores, contra la ortodoxia gay ultraizquierdista, aunque en esta cuestión Sullivan no ha dudado en sumarse a las huestes progresistas y, tal vez por falta de reflexión y de conocimiento, amalgamar a Bruce, un liberal que decidió abandonar los EE.UU. tras la polémica causada por su libro Stealing Jesus (Robando a Jesús), una crítica a la derecha cristiana estadounidense, con la extrema derecha europea, que tanto se parece a lo que ella misma denuncia. El asesino de Oslo admiraba a Bruce por sus críticas al islamismo y al multiculturalismo contenidas tanto en Mientras Europa duerme como en su libro posterior, Surrender (Rendición), cuyo subtítulo es suficientemente elocuente: apaciguar al Islam sacrificando la libertad. El mismo Bawer lo cuenta con asombro en un artículo publicado en el Wall Street Journal en el que analiza con la frialdad y la distancia necesarias el pensamiento de Anders Behring Breivik.

¿Convierte esto a Bruce en culpable por asociación de la masacre que Noruega? De ninguna manera. Es más, y al contrario de otros, en los últimos años Bruce, admirador del asesinado Pim Fortuyn, al que algunos malintencionados calificaron de fascista, también ha denunciado la aparición de movimientos ultraderechistas antidemocráticos y por supuesto antiliberales en Europa al socaire de la legítima preocupación y la oposición a los perversos efectos del multiculturalismo y la corrección política. Por desgracia, me temo que, llevados por el odio y la posible aunque improbable ganancia política a corto, plazo, algunos, los mismos que callan ante el discurso de Bildu y de otros partidos y movimientos supuestamente de izquierdas que tanto se parece al de la extrema derecha y al del asesino de Oslo, seguirán mezclando churras con merinas y exigirán que nos tapen la boca a todos los que pensamos que el Islam político es una amenaza para la libertad y el bienestar de todos y que, como Irshad Manji, autora del libro The Trouble With Islam (El problema del Islam), que compré en una librería gay de Amsterdam en la que también vendían una biografía del “islamófobo” Geert Wilders (¿debemos acusar al dueño de la librería de complicidad en los atentados de Noruega?), creemos que esa religión contiene elementos incompatibles con la libertad, la paz y la democracia. Soportaremos esa cruz lo mejor que podamos. Ellos seguirán ladrando; nosotros, pensando, por muchos muertos que quieran echarnos encima.

Espero que nadie en FAES o en Libertad Digital se enfade conmigo por haber regalado a la jauría progre un nuevo titular. De todas formas, se iban a enterar de lo de Bruce, así que cuanto antes se sepa y se explique, algo que ellos no harán, mejor.

chuecadilly@yahoo.es

El lobo Rajoy y los caperucitos carnívoros

Lo mejor del verano para pseudoeremitas como yo es pasar el día entero en la zona más atestada y abigarrada de alguna playa o piscina moderna pegando el oído a conversaciones ajenas, o como dirían los cursis, pulsando la opinión de la calle.

Entre las visiones del mundo que más me conmueven está la de aquellos que siguen agarrados como un clavo ardiendo a la eterna promesa de salvación del PSOE, (por lo que escucho, algunos ya se han quemado en las llamas del paro y la futura emigración; serán masoquistas) que como ya he dicho otras veces está más populista y menos socialdemócrata que nunca.

Hace unas semanas, en la playa La Mar Bella de Barcelona un fornido treintañero alertaba a sus amigos de que con Rajoy “se acabarán las libertades sociales” y que volveríamos  “a los tiempos de Felipe González”. Supongo que lo de FG vendría a propósito de la infausta ley de la patada en la puerta del funesto Corcuera, aunque lo dudo. Minutos antes, les había confesado a sus camaradas que una vez confundió el Palau de la Música con el Palau Sant Jordi y que por eso llegó tarde a un concierto de Mónica Naranjo. No creo que la diva notara su ausencia. También les contó que había tenido problemas de salud porque consiguió unas anfetaminas, que le habían dicho son buenas para aguantar más en el gimnasio, y casi se vuelve loco porque ignoraba lo que eran y para lo que normalmente se consumían. Creo que en este caso un par de anécdotas ilustran perfectamente la categoría de personaje al que me refiero. Por desgracia, nunca supe a qué se refería con eso de “libertades sociales” porque ninguno de sus amigos se dignó responderle o asentir. No se lo reprocho.

No sé qué libertades estarán amenazadas por Rajoy, pero me gustaría saber qué opinión le merecen al fortachón de playa las reformas judiciales que prepara el Gobierno y que, por ejemplo, suprimirán la acción popular, uno de esos grandes logros democráticos según la progresía… hasta que también sirve para perseguir etarras que el PSOE considera deben seguir libres o procesar a políticos y funcionarios, la mayoría de los cuales pertenece a “esa conocida formación política experta, como todas, en las mañas de la corrupción” (Achero Mañas). También me encantaría saber qué sensación le produce que el Gobierno quiera investir a los fiscales de más poderes a la hora de instruir sumarios, de modo que el papel del juez            quedará aún más debilitado, y añadir una especie de comisarios judiciales con capacitación mínima, si es que la poseen, para vigilar la acción de… ¿el fiscal? No, el juez. Más que a los tiempos de Felipe González, estas reformas nos hacen retroceder a la época de Hamurabi. Tampoco debería extrañarnos, ya que una de las constantes de la izquierda española ha sido reclamar a los jueces que sus sentencias estén acordes con las preferencias que se le suponen a la mayoría parlamentaria del momento. Deberían ser coherentes y pedir la abolición de los tribunales. Si no se atreven, que lo hagan los indignados por ellos, para que quede más estético, si es que el look perrroflautista lo es.  En vez de jueces y magistrados, intérpretes aúlicos, por ejemplo el cachas de la playa o cualquier ciudadano de a pie que luzc piercings y dreadlocks, ya sabes, gente con pinta de progresista, de los nuestros, vaya, que dictamine si el delito o falta en cuestión debe ser castigada, o si llegó a cometerse (¿traje y corbata? ¿Mechas de rubia pepera? Seguro que son malísimas personas, al trullo con ellos).

Así las cosas, me sorprende que Elena Valenciano dijera en twitter que en 120 caracteres no hay espacio suficiente para explicar el Estado de Derecho. Claro que sí:

Estado de Derecho = qué aburrido, mejor quitarlo, ¿no?  Suena como antiguo ¿no te parece? Me indigna.

chuecadilly@yahoo.es

Il brutto morir de Francisco Camps

Despechugado y con el trasero al aire, así encarará el otrora todopoderoso y siempre atractivo presidente de la Generalitat valenciana la tormenta de arena judicial que se cierne sobre él. Como señaló ayer Elena Valenciano, quien tuvo que hacer un refrito entre lo que tenía preparado en caso de que Camps admitiera su culpabilidad y la inesperada pero bienvenida dimisión, lo suyo es más que dos trajes, aunque probablemente no mucho más.

El gesto de Camps le honraría si no hubiera pasado más de dos años negándolo todo (sigue haciéndolo) y sin asumir ninguna responsabilidad por una trama que, más que financiar ilegalmente al PP, sufragó los lujos de unos cuantos sinvergüenzas de ese partido a costa de sus arcas. Recordemos que la denuncia del escándalo partió de unos militantes de las localidades madrileñas de Majadahonda y Boadilla, escandalizados de que algunos compañeros estuvieran llevándoselo crudo. Como comentaba jocoso el año pasado un militante de Pozuelo de Alarcón al que conocí en una cena, “las piruletas nos salieron a precio de oro”. En vez de robar para el partido, ellos robaron del partido y luego recompensaron aún más a sus corruptores con algún contrato municipal y autonómico del que parece ser que también sacaron tajada. ¿Lo sabía Camps? Y si fue así, ¿por qué lo permitió?  ¿Por qué en la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre y sus hombres emprendieron una auténtica redada al estilo de la DEA estadounidense de consejeros, alcaldes y concejales (la composición de los grupos municipales del PP en algunos ayuntamientos ha cambiado casi un 100% de una legislatura a otra) mientras que en la Comunidad Valenciana se optó por hacer la vista gorda o incluso defender a capa y espada a los imputados y demás sospechosos? Eso es lo que a algunos nos gustaría saber.

Hay un aspecto de todo esto que no suele comentarse y que a mí me preocupa mucho: la corrupción en el seno de los propios partidos políticos derivada del patrimonialismo, el clientelismo y el autoritarismo de algunos líderes locales. Admito que la democratización de los partidos sea una quimera y un inconveniente, pero de ahí a administrar la organización como si fuera un cortijo hay una gran diferencia. No sé qué medidas estará tomando el equipo de Rajoy para evitar que cosas así vuelvan a suceder, pero no estaría mal que en el próximo congreso de su partido alguien propusiera mecanismos que permitan la rendición de cuentas de los jefes ante la militancia y que, llegado el caso, ésta pudiera actuar contra los corruptos e ineficaces mediante un voto de revocación de mandato.

Si, como se cuenta, todo el PP de Baleares conocía todas las trapisondas de Matas y los suyos, ¿por qué nadie dijo nada? ¿Cómo decirlo?, responderían algunos.

El mayor problema interno del PP (y también del PSOE, y de CiU mejor ni hablar) es sin duda el método de selección de sus líderes y candidatos. Entre el caciquismo habitual y el asamblearismo inútil y contraproducente hay varios procedimientos ordenados y, si no tranquilos, al menos no excesivamente tumultuosos de renovación que redundarían en el bien no sólo del partido, sino de todos. Una tarea más para Rajoy, quien de nuevo sale reforzado y demuestra que su estilo de hacer las cosas despacio y a la chita callando está resultando mucho más eficaz de lo que nos parecía. ¿Cuestión de suerte y de calendario propicio? Creo que hasta sus críticos más acérrimos y los que a menudo nos impacientamos por su aparente desgana debemos reconocerle el talento.

chuecadilly@yahoo.es

El tufo pestilente de las dos Españas

Ocho años afanándose por dividir a los españoles en dos campos irreconciliables e inexpugnables, ocho años erigiendo imaginarios muros de Berlín y defensas de Madrid, ocho años de esmerado cultivo de plantaciones ideológicas. En fin, ocho años de reinvención sociológica de una España que no existe, al garete. Aquellos modelos diseñados por los consejeros del PSOE basándose en el peronismo, el priísmo, el aprismo y el roldosismo de nuestros infortunados hermanos latinoamericanos barridos por una crisis económica. En un país donde tantos millones de personas tienen mucho que perder, siempre es la economía, estúpidos.

Una investigación de la fundación Alternativas y los estudios postelectorales internos del PSOE revelan que la táctica de Zapatero y sus adláteres se ha venido abajo igual que un castillo de naipes. Pues resulta que el centro político existe, se resiste a desaparecer y además está abandonando al PSOE por el PP y, según las regiones, también por UPyD y pequeños partidos regionalistas. Si a lo anterior le sumamos la pérdida de voto joven a favor de IU y la abstención, el panorama para el candidato Rabulcaba no puede ser más aciago. El barco hace aguas por tantos sitios que faltan marineros para achicar agua. Lo peor es que, una vez cambiado el sentido del voto, resulta difícil recuperarlo de inmediato, sobre todo en España, donde los estudios de comportamiento electoral demuestran que los votantes  suelen dar al nuevo partido de su elección al menos dos oportunidades de volver a pensárselo. La razón es bien sencilla: a nadie le gusta reconocer una equivocación, y menos aún un desliz.

¿Cuál es la reacción de Rubalcaba? Lejos de internarse en el centro, el candidato recurre a los ataques a los banqueros (¿los mismos que le condonan préstamos a su partido que luego pagamos todos en forma de comisiones?) al estilo de José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma, la denuncia de la conspiración anglo-germana que tanto recuerda a aquello de las democracias que nos acosan que decía Franco, y a recordar al PSOE de hace cien años, aquel que estaba a la izquierda de la socialdemocracia alemana, el laborismo británico e incluso los mencheviques rusos. El cóctel no puede ser más demencial, pestilente, explosivo y, por el bien de todos, letal para el propio Partido Socialista. A Rubalcaba le falta el canto de un duro para denunciar a la UE como una cueva de buitres carroñeros capitalistas y a proclamar desafiante a España como la nueva reserva espiritual social de occidente. Ya saben, Spain is different, Europa, esa Babilonia de mercaderes desalmados que repudiamos, termina en los Pirineos y cosas así.

No sé qué será peor, el barniz de modernidad de que dotó Zapatero a sus políticas o la garrulería de los mensajes de Rubalcaba. Ambos me huelen igual de mal. A este paso todos tendremos que regresar a 1911, la época dorada de los perfumes de pañuelo. Por si las moscas, aquí les dejo uno que Guerlain relanzó hace un par de años. Se dice que SS El Rey, siempre atento a los cambios y fiel cumplidor de su deber de hablar con todos,  lo usa. Cómprenlo antes de que se agote. Seguro que Alfredo ya tiene su botella (no sean malos, aún no han sacado el desodorante).

chuecadilly@yahoo.es

Bondad gay por decreto

Desde el pasado 14 de julio, los libros de texto de historia de los EE.UU. de California deberán incluir las aportaciones realizadas por estadounidenses gays, lesbianas y transgénero. Tras sancionar la ley, el gobernador Jerry Brown (demócrata) se refirió a ella como “un paso adelante” y añadió que “la historia debe ser honrada”. Gil Durán, portavoz del gobernador, recalca que “la historia debe reflejar la realidad”. Para el senador Mark Leno, demócrata por San Francisco, abiertamente gay y redactor de la norma, denominada “Ley de Educación Justa, Fiel, Incluyente y Respetuosa, o FAIR –justa– por sus siglas en inglés, la ley reducirá la violencia contra las personas LGTB y corrige la “visión incompleta e inexacta del mundo que les rodea” (a los jóvenes).

Los republicanos, que votaron en contra en la Asamblea y Senado californianos, denuncian que la ley introduce los estudios gays en las escuelas, algo absurdo y ofensivo, y que obliga a los colegios a adoptar la “agenda (política) gay”.

Lo primero que me llama la atención es que la ley, dado que debe proporcionar una visión completa del mundo, sólo se limite a Historia de los EE.UU. y no a otras asignaturas, es decir, a todas, inclusive las de ciencias. Por ejemplo, a la hora de explicar la historia de los ordenadores, la mención de Lynn Conway, inventora del primer ordenador superescalar, una aportación que revolucionó la informática, debería estar acompañada de al menos un pie de página que añadiera “por cierto, Conway es transexual”, o de un pequeño cuadro que resumiera la trayectoria vital de la científica. Otro tanto habría que hacer en el caso de Eric Allman, padre gay del correo electrónico.

Por otra parte, me temo que la limitación del ámbito de la ley responda al deseo de no molestar a otras culturas y evitar el etnocentrismo, uno de los mantras progresistas que a algunos nos parece simple neorracismo disfrazado de respeto por la diversidad. De sobra es conocida la paradoja de la izquierda occidental: apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo y otras políticas de igualdad legal y visibilidad y al mismo tiempo corteja el voto de grupos étnicos que, como reflejan las encuestas, son bastante homófobos, debido probablemente a las costumbres y prácticas imperantes en los países de origen de esas comunidades. Tal vez sea por eso que el llamado “voto gay” está cada día más dividido, sobre todo cuando los partidos de centro-derecha aceptan al menos parte de esas políticas de igualdad legal con independencia de la orientación sexual.

Sin embargo, nadie está libre de paradojas y contradicciones. Hace pocos días un redactor y columnista del diario conservador Washington Times lamentaba el apoyo de la administración Obama a los homosexuales en los países islámicos, ya que, a su juicio, esa política aumenta el odio hacia los EE.UU. que sienten amplios segmentos de la población de aquellos países. ¿Les suena, verdad? Si aplicamos la ortodoxia neocon deberíamos preguntarnos, ¿por qué los conservadores odian a América y prefieren aplacar a los totalitarios antes que enfrentarse a ellos?

No sé qué efectos prácticos tendrá la ley ni qué medidas tomarán los que se opongan a ella, aunque lo más probable es que el debate se traslade a los consejos escolares y que cada barrio y pueblo del estado quiera adaptar la norma a su idiosincrasia. ¿Otro ejemplo de malgaste de energías y politización innecesaria de la educación? Seguramente.

Quizá mi ejemplo no sea ni generalizable ni ilustrativo, pero como alumno de un prestigioso colegio de curas de Madrid, recuerdo que desde al menos tercero de B.U.P., el actual primero de Bachillerato, en las asignaturas de Historia, Literatura y Latín se mencionó la homosexualidad de varios personajes, tanto de algunos considerados positivos como de los negativos. Las alusiones fueron siempre breves, desprovistas de valoración y enmarcadas en el papel jugado por la orientación del personaje en tal o cual hecho importante. Es decir, que al final uno se quedaba sin saber la opinión del profesor o profesora al respecto lo que, dado el morbo juvenil por esas cuestiones, era lo que más nos interesaba. Tampoco podíamos aprovechar para levantar la mano y hacer algún comentario que iniciase un debate sobre cuestiones de sexo, que a esas edades es lo que obasesiona, algo que los profesores saben bien. Supongo que la actitud aséptica de los míos se debía al menos en parte a su deseo de que su clase no se convierta en un consultorio ni en una terapia de grupo para encauzar la exuberancia hormonal juvenil.

Lo peor de la ley californiana y otras que puedan aprobarse inspiradas por ella es que los docentes acaben teniendo que cargar con otra responsabilidad que atañe a los padres y lidiando con otra nueva distracción que al final no aporte nada. Una cosa es tratar los amores de Zeus y Ganímedes y la apasionante discusión entre los especialistas en la Antigüedad Clásica sobre la existencia lo que hoy llamamos gays y su influencia sobre las creencias de su sociedad, por no mencionar a Ricardo Corazón de León, (los que consideran a Isaac Asimov un icono del progresismo deberían leer lo que el escritor dice del hijo de Leonor de Aquitania y de su homosexualidad en La formación de Inglaterra), y en caso español, las polémicas historiográficas y en algunos casos también en su época sobre Enrique IV de Castilla, Carlos IV, Fernando VII, varios liberales decimonónicos y hasta Felipe IV, y otra realizar una referencia banal, carente de contexto y de contenido, y por ende de relevancia, y por imperativo legal en aras de no sé qué concepto de la autoestima.

Por ejemplo ¿se podría calificar El grupo de San Ildefonso como arte gay? ¿Cómo lo vieron sus contemporáneos? Al respecto de esta y otras cuestiones, les recomiendo la monumental The Greeks and Greek Love, del profesor de Historia Antigua James Davidson, una obra que, al estilo de 1491, echa por ideas equivocadas, algunas intencionadas (algún día les contaré la versión del nacimiento de la teoría queer que nos da Davidson,  espeluznante) a diestra y siniestra.

En fin, que la cuestión da para una asignatura completa, pero imagínense la que se armaría entonces. Gracias a mis profesores, que se guiaban no por una ley, sino por criterios personales de profesionalidad, muchos supimos que la homosexualidad era algo normal, en el sentido de que uno la encuentra en cualquier sitio, que no hace ningún distingo social y que, según las circunstancias, puede o no ser un elemento biográfico importante de esa persona a la hora de tratar su relevancia histórica, aunque aún queda mucho por saber e investigar. Suficiente.

chuecadilly@yahoo.es